Jesús Rosales Valladares. 17 mayo

La celebración del Día Internacional de la Familia fue muy particular este año. La pandemia genera, además de alteraciones en el comportamiento de las personas, debido a las restricciones sanitarias, modificaciones en la dinámica social.

Cientos de miles de familias afrontan gran incertidumbre financiera a consecuencia de la pérdida de empleo o la reducción de sus salarios y labores productivas y económicas.

La familia es la base de la sociedad, y de familias sólidas, saludables y sostenibles devienen sociedades igualmente sólidas, saludables y sostenibles.

Las medidas de aislamiento social, restricción vehicular y de ciertas actividades comerciales plantean cambios en la convivencia en el hogar, como la adaptación al teletrabajo, la teleenseñanza, la comunicación virtual y el teleentretenimiento.

La pandemia puso de manifiesto la necesidad de cuidar a adultos mayores, niños y adolescentes, que han debido permanecer más tiempo del habitual en los hogares, y las parejas ahora pasan más tiempo juntas, lo cual saca a relucir las asimetrías prevalecientes en la distribución de las tareas y responsabilidades domésticas.

Quienes ven este tiempo como una oportunidad para hacer ajustes y mejoras en la convivencia tratan de efectuar cambios y replantear asuntos en sus vidas, aun en áreas hacia las cuales han sido llevados de manera casi obligada por la misma crisis, como lo es la materia financiera.

Para quienes enfrentan situaciones más difíciles en lo económico, principalmente, este momento amenaza convertirse en un paso hacia el colapso de sus hogares y sus vidas.

Pero ¿qué hace que unas familias sí y otras no tanto aprovechen este tiempo y, aun en medio de las adversidades, reinventarse y ver con esperanza el futuro? Es una pregunta a la cual se le debe asignar reflexión, estudio y análisis.

La fase más difícil de la pandemia pasará, ojalá pronto, y la sociedad deberá retomar el camino hacia la recuperación económica; sin embargo, al lado de las medidas que se adopten para orientar la reactivación, debe tomarse en cuenta la indispensable necesidad de trabajar en el fortalecimiento y el bienestar integral de las familias.

La familia es la base de la sociedad, y de familias sólidas, saludables y sostenibles devienen sociedades igualmente sólidas, saludables y sostenibles.

En muchos hogares, la comunicación familiar mejoró, la cooperación e intercambio intergeneracional se ha posibilitado y también se registran progresos en la equitativa distribución de tareas y responsabilidades, como resultado de esos cambios y ajustes familiares.

La adaptación podría implicar salir mejor como sociedad después de esta pandemia; no obstante, eso dependerá de que conozcamos mejor esos procesos y sus beneficios, cómo consolidarlos y trabajar unidos en el fortalecimiento y el bienestar integral de las familias y de la sociedad.

Nada más pertinente y oportuno que como núcleos familiares nos aboquemos a estudiar con rigurosidad las variaciones ocurridas ya en la cultura financiera, en las estructuras y en las dinámicas.

Solo con el conocimiento de los aspectos que se mantendrán y de otros que se modificarán definitivamente, será posible elaborar políticas públicas que reduzcan la incertidumbre y proporcionen bienestar a las familias, en especial a las más vulnerables.

El autor es politólogo.