José Azel. 12 julio

En el ahora ya clásico experimento, el politólogo Philip E. Tetlock mostró que las predicciones hechas por expertos en política son solo ligeramente mejores que suposiciones aleatorias, y peores que las predicciones hechas por modelos estadísticos. Su investigación fue resumida en el libro Juicio político experto: ¿qué tan bueno es? ¿cómo saberlo? (2005).

En esta obra, Tetlock consultó a 284 expertos en una variedad de campos: funcionarios gubernamentales, profesores y periodistas, entre otros. Muchos de ellos eran expertos a quienes comúnmente se les solicitaban opiniones o recomendaciones sobre tendencias políticas y económicas. Tetlock les pidió hacer aproximadamente 28.000 predicciones calculando las probabilidades de eventos futuros durante un período de 19 años entre 1984 y el 2003. Las preguntas eran sobre temas como: ¿Será Gorbachov derribado por un golpe de Estado? ¿Irá EE. UU. a la guerra en el golfo Pérsico?

Pronosticar requiere trabajo en equipo y reunir evidencias de diferentes fuentes. Implica pensar la probabilidad y la capacidad de admitir errores y modificar derroteros. Pronosticar envuelve incalculables contingencias y variables, no simplemente una gran idea.

Los resultados fueron vergonzosos, pues monos lanzando dardos lo habrían hecho mejor. Aquellos expertos con los mayores perfiles medios eran particularmente malos haciendo pronósticos. Por eso, los investigadores, intrigados sobre si tales resultados eran exclusivos a las predicciones políticas, chequearon la exactitud predictiva de los peritos en otros campos como las tendencias tecnológicas o las decisiones de casos en la Corte Suprema. Los resultados fueron similares: los expertos casi siempre se equivocaban.

Mejores pronósticos. El estudio del profesor Tetlock llamó la atención de la comunidad de inteligencia y promovió trabajos posteriores orientados a mejorar los pronósticos geopolíticos y geoeconómicos. La más reciente investigación realizada por el Proyecto Buen Juicio sugiere que algunos estilos cognoscitivos son más eficaces haciendo predicciones correctas que otros. Utilizando los dos tipos de personalidad identificados por Isaiah Berlin en su ensayo de 1953 El erizo y el zorro, la investigación compara los resultados de precisión predictiva de los “zorros” y los “erizos”.

Los erizos, en términos de Tetlock, son expertos que miran confiadamente los eventos basados en una gran idea que utilizan, casi exclusivamente, como su punto de referencia. Por ejemplo, cambio climático, terrorismo, Donald Trump, etc. Los zorros, en contraste, no son tan confiados como los erizos.

Los zorros son pensadores familiarizados con muchas pequeñas cosas y escépticos ante grandes esquemas explicativos. Saben muchas cosas, mientras los erizos conocen solamente una gran cosa. Pero son los erizos quienes más aparecen en los medios cuando se trata de predecir el futuro; y también los que más frecuentemente se equivocan.

Autoengaño. Tetlock explica que conocer profundamente algo estrecha nuestra visión e incrementa nuestra confianza. Mas ese enfoque estrecho y la confianza oscurecen las visiones discrepantes hasta que resultan invisibles al erizo. Como resultado, lo que debería ser recolección y análisis de información imparcial, se convierte para el erizo en recopilación de autocomplaciente material prejuiciado. Este proceso de autoengaño se expresa en la certeza mostrada por los erizos.

En otras palabras, los erizos que conocen profunda y confiadamente algo extrapolan el poder explicativo de esa gran cosa hacia muchas esferas y desdeñan lo que “no les cuadra”. Los zorros, en contraste, buscan unir diversas fuentes de información y parecen ser renuentes sobre su habilidad de prever eventos futuros. Los psicólogos dicen que una razón por la que parecemos desear predicciones de expertos es porque tenemos “necesidad de pasar la página”. O sea, queremos respuesta a una pregunta. Aun si esta es errónea, preferimos la respuesta errónea a mantener un estado de confusión y ambigüedad. Pero, de nuevo, si los expertos casi siempre se equivocan, ¿por qué deberíamos escucharlos?

Nuestro mundo es complejo y desordenado. Pronosticar requiere trabajo en equipo y reunir evidencias de diferentes fuentes. Implica pensar la probabilidad y la capacidad de admitir errores y modificar derroteros. Pronosticar envuelve incalculables contingencias y variables, no simplemente una gran idea. Los zorros se sienten cómodos con este entorno predictivo; los erizos no.

Tengamos esto en mente la próxima vez que escuchemos o leamos una predicción experta de alguien que ve el mundo en términos de una gran idea explicativa. Las personas y sus entornos están llenos de sorpresas.

[©FIRMAS PRESS]

El autor es investigador.