Alberto Morales Bejarano.   23 octubre, 2019

El ensayista argentino Sergio Sinay utiliza el término “orfandad funcional” para referirse a los casos en los cuales, a pesar de que el padre y la madre están vivos, conviven con sus hijos e incluso llenan las necesidades materiales familiares, no cumplen las funciones vitales cuya responsabilidad es ineludible e indelegable.

Las funciones son: transmisión de valores a través de conductas y actitudes, fijación de límites orientadores; presencia real, no por celular o las redes sociales; contención afectiva, diálogo y escucha; y acompañamiento no solo en el proceso de crecimiento y maduración física, sino también psicológico, cognitivo y espiritual. Todo lo cual favorece una sana autonomía e independencia progresivas.

Dichas funciones no pueden ser tercerizadas, no las van a efectuar otros familiares ni el sistema educativo ni las iglesias ni la comunidad ni otras instancias.

En la adolescencia, particularmente, por lo menos cuatro condiciones deberían ser parte del proceso de cuidado y acompañamiento: un modelo de protección activo y eficiente, cuyo resultado es que los adolescentes se sientan queridos, límites en la relación familiar, una práctica constante de escucha empática y estabilidad del entorno.

Esas condiciones solo pueden darse si hay dedicación de tiempo en cantidad y de calidad porque más cerca se puede estar de conocer las necesidades de los hijos y, en consecuencia, tener capacidad de respuesta.

Definición de crianza. Podría resumirse así: la crianza es un delicado arte, el cual debe plasmarse con esfuerzo, dedicación y compromiso, y hay funciones indelegables de los padres indelegables.

De ahí que, cuando en una familia existen niños y adolescentes, es necesario contar con las mejores condiciones posibles para la crianza, lo que dependerá de la responsabilidad personal, familiar, comunitaria y estatal.

En nuestro país, el descenso marcado en la tasa de natalidad podría considerarse una respuesta responsable a las complejidades de la crianza actual.

Sin embargo, continúan existiendo dos desafíos. El primero de ellos es cuando hay un ambiente de privación socioeconómica y educativa o de violencia, que produce desconocimiento y limita el acceso a opciones para prevenir embarazos.

El segundo es que, independientemente de la condición socioeconómica, los embarazos se dan producto de conductas irresponsables y egoístas, y con frecuencia se encuentran asociados a la violencia o al consumo de drogas.

Ambos escenarios comparten los mismos resultados: embarazos no planeados ni deseados, que representan el 50 % del total en nuestro país, y que aumente la orfandad funcional. Particularmente, en el segundo escenario, a una mascota le puede ir mejor, en cuidado y protección, que a un hijo.

Prevención. En vista de la realidad, y buscando proteger a los futuros niños, urgen respuestas preventivas en todos los niveles. El descenso significativo de embarazos en adolescentes, que pasó de un 19 % en el 2013 a un 14 % en el 2018, muestra que acciones claves, incluso no concertadas, tienen verdadero impacto y demuestran que el cambio es posible.

En el caso particular de los adolescentes, la combinación de condiciones como la instauración del Programa de Sexualidad y Afectividad Integral del MEP, el acceso de anticonceptivos de larga acción mediante el Proyecto Mesoamericano de Prevención de Embarazo Adolescente, focalizado en poblaciones con altos índices de embarazo adolescente, y la legislación que castiga las uniones impropias y prohíbe el matrimonio de personas menores de edad, son factores que han contribuido significativamente a la reducción .

Sin duda, la mejor prevención es la educación, por lo que es urgente que el programa de sexualidad del MEP se extienda a la primaria, se fortalezcan los programas de prevención e intervención socioeducativa y las escuelas de crianza del PANI.

Además, es muy necesario que el acceso a anticonceptivos de larga acción, como los implantes o dispositivos intrauterinos con progestágeno, sean de acceso para toda la población y que los juzgados cumplan estrictamente la ley que prohíbe las relaciones abusivas impropias con personas menores de edad.

Ejecutar estas acciones con intensidad y profundidad, dentro del marco general de carencias existentes, se convertirá en una transformación cultural, que rescata el verdadero concepto de crianza responsable y positiva, y es un camino para prevenir la orfandad funcional.

El autor es médico pediatra.