Rolando Portilla Pastor. 9 septiembre

El planeta enfrenta amenazas ambientales como no las ha sufrido en mucho tiempo. Una crisis ecológica sin precedentes afecta a todas las especies, incluida su principal causante: la humana.

Nuestra irresponsabilidad, insensibilidad y egoísmo ha colocado el planeta en una situación ambiental extrema, en algunos casos, irreversible.

Hace unas semanas, se informó de que en Islandia se ofició una ceremonia para despedir al glaciar Ok, que en proceso de derretimiento perdió su estatus debido al cambio climático. Se colocó una placa con el título “Una carta para el futuro”, la cual señala en inglés: “Ok es el primer glaciar islandés que pierde su estatus de glaciar. En los próximos 200 años, se prevé que todos nuestros glaciares sigan el mismo destino. Este monumento es un reconocimiento porque sabemos lo que está pasando y lo que se necesita hacer. Solo ustedes saben si nosotros lo hicimos”.

Es duro decirlo, pero ¿estaremos presenciando el principio del fin de la existencia del ser humano sobre la Tierra? Si desaparece por no haber respetado los límites ecosistémicos de su hábitat, el planeta continuará adelante, como si nada, y resurgirá con más vigor y belleza.

Un duro mensaje para la humanidad. Qué triste que algo así suceda y, lo peor, como dice la leyenda en la placa, es saber lo que está pasando y saber qué hacer, pero no lo hacemos. Seguimos tomando medidas paliativas y superficiales, alimentando un modelo productivo altamente contaminante y destructivo. El ejemplo más claro es el Amazonas, donde las sequías incrementadas por el cambio climático son una de las causas de los incendios, así como la deforestación y las quemas para la agricultura o la ganadería.

Lo anterior no es poca cosa, estimado lector. El Amazonas, pulmón del planeta, hábitat de miles de especies de animales, árboles y plantas, cuna de la mayor biodiversidad del mundo, hogar de culturas indígenas ancestrales, está siendo destruido por el fuego, reducido a simples cenizas. ¿Cómo ser indiferentes ante tal tragedia? ¿Por qué políticos, como el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, se preocupan más por la soberanía brasileña y su economía? No les interesa apagar el fuego porque al no haber bosque en la Amazonia, ya no tendrían obstáculo para impulsar la minería, el petróleo o las actividades agropecuarias. En la coyuntura ambiental actual, esta representa sin duda una mentalidad obtusa y retrógrada.

Propuesta contra el planeta. Es inconcebible que personas como Bolsonaro y Donald Trump actúen como si nada pasara, y mantengan sus políticas y programas antiecológicos. Es inaceptable, también, que en nuestro país, en forma irresponsable, propongan la explotación petrolera, como si no hubiera cambio climático y no estuviéramos ante un modelo energético agotado, que demanda a gritos reformas urgentes.

Es duro decirlo, pero ¿estaremos presenciando el principio del fin de la existencia del ser humano sobre la Tierra? Si desaparece por no haber respetado los límites ecosistémicos de su hábitat, el planeta continuará adelante, como si nada, y resurgirá con más vigor y belleza. ¿Queremos la extinción?, pues, ni más ni menos, es lo que estamos causando.

Recientes informes científicos del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) demandan un viraje radical y urgente en los modos de producción mundial, a fin de reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero.

Otra relación con el entorno. No podemos seguir defendiendo el desarrollo sostenible como la gran panacea, como el modelo, cuando en realidad solo representa un paliativo para mitigar una gran enfermedad, no para curarla.

Hace falta mucho más, necesitamos grandes cambios, nuevas visiones, renovados paradigmas, si realmente queremos revertir la situación y lograr la estabilidad ambiental planetaria.

Urge, sobre todo, establecer una relación diferente entre el ser humano y la naturaleza; entender la magia y sacralidad de esta última; y respetar, sentir y amar nuestro entorno natural, como el único hábitat que tenemos y del cual dependemos.

Aún hay tiempo para evitar que este sea el comienzo del fin de la raza humana sobre el planeta.

El autor es ingeniero civil, especialista en ambiente y energía.