Donato Garita Salas. 13 septiembre

En las páginas 8 y 9 de La Nación del 11 de setiembre aparecieron dos artículos: “Involucrados en caso de mascarillas se negaron a declarar ante los diputados” y “Estado guarda ¢14 millones para el inactivo partido de Cachimbal”.

En relación con el primer artículo, los importadores de las mascarillas comparecen ante el Congreso como empresarios. Sus posturas, aseguran los legisladores, no son responsables y son impropias de un empresario.

En Costa Rica, cualquier hijo de vecino se declara empresario y, para confirmar lo que es un empresario, transcribo lo que publiqué en estas páginas el 21 de diciembre de 1981: “Detrás de una inmensa organización empresarial hay un hombre que es empresario, un iniciador, un hombre que toma riesgos y mide, cada día mejor, las posibilidades de éxito. Un hombre que inspira, crea e innova y que es a la vez responsable de un alto coeficiente en la ecuación del efecto multiplicador de la economía. Este tipo de hombres son capaces de aprovechar las circunstancias adversas de una crisis para convertirlas en ventajas”.

La periodista y el contador se negaron a aclarar las acciones, supuestamente impropias, de una simple importación de mascarillas.

El segundo artículo se refiere al Partido Unión Agrícola Cartaginés, por el cual fue cuatro veces diputado José Guillermo Brenes Castillo, conocido como Cachimbal.

Si revisamos rápidamente en Wikipedia, encontramos una definición de lo que es un partido político: Toda asociación voluntaria, perdurable en el tiempo, dotada de un programa de gobierno de la sociedad en conjunto que canaliza determinados intereses y aspira a ejercer el poder político o a participar en él mediante la representación reiterada en los procesos electorales.

Lo sucedido a ese partido debe quedar en la historia de Costa Rica, como también ha quedado la de otros, incluidos los socialistas, donde el partido se vuelve parte del líder o es líder, y su actuación se debe, en gran parte, a satisfacer sus intereses personales.

La experiencia debe cobrar vida en las generaciones actuales y futuras, haciendo a un lado la apatía de las masas y la necesidad de un buen guía.

El autor es empresario.