Raúl Silesky Jiménez. 1 noviembre, 2019

Durante meses, hemos sido testigos de una feroz crítica por la forma del nuevo edificio legislativo. Bonito o feo, guste o no, ya está en ese lugar y será visible, desde muy lejos, por décadas, con una fortaleza mayor a su tamaño: su gran transparencia.

A nadie he visto preocupado por preguntar sobre su esencia y los esfuerzos de la administración y los diputados para que la Asamblea Legislativa fortalezca su relación con los habitantes y dar a conocer, por todos los medios tecnológicos posibles, lo que ocurre en el interior.

A nadie he visto preocupado por preguntar sobre su esencia y los esfuerzos para que la Asamblea Legislativa fortalezca su relación con los habitantes y dar a conocer, por todos los medios tecnológicos posibles, lo que ocurre en el interior.

Es una apuesta por la absoluta transparencia de un parlamento abierto, lo cual conlleva reforzar sus propios instrumentos de comunicación, así como facilitar el acceso a los medios informativos y a los ciudadanos.

Para empezar, las salas de sesiones de las comisiones legislativas, nueve en total, contarán con cámaras de televisión, así como los salones y las salas de reunión, incluida la del Directorio legislativo, y, por supuesto, el plenario. Serán 21 cámaras para transmitir por televisión la actividad legislativa.

Además, se ha coordinado con los técnicos de los medios para definir en conjunto cómo suministrarles conexión con fibra óptica para que cuando gusten tomen su propia señal o reproduzcan el canal de la Asamblea Legislativa, que hoy transmite las principales cableras.

Para dar un salto al futuro, se trabaja para generar nueve señales en streaming, que se distribuirán en diferentes plataformas para que quienes deseen vean y escuchen en sus teléfonos portátiles, computadoras o tabletas el acontecer institucional.

La idea es que cada habitante decida cuál comisión o actividad sigue cuando sesionen varias a la vez. Serían publicadas en el portal legislativo, así como en las redes sociales.

Se ha insistido en fortalecer la conexión a Internet para que el ancho de banda sea robusto y estable tanto para las transmisiones propias por Internet como para apoyar a los periodistas. Esto es fundamental.

Junto con lo anterior, regresará la transmisión por radio abierta para acatar una resolución de la Sala Constitucional y el compromiso legislativo de llegar a los habitantes que quieren conocer el trámite y la aprobación de la legislación, así como seguir el control político y la elección, cuando corresponda, de magistrados, contralores, defensores de los habitantes, etc.

Ese gran edificio tan criticado tendrá una nueva sala de conferencias de prensa, una moderna barra de prensa con las facilidades, así como el acceso de los reporteros al lobby del plenario.

Los habitantes también contarán con el doble del espacio para que sigan la labor del plenario y las comisiones.

Un aspecto positivo adicional, entre muchos otros, es el fortalecimiento de los datos abiertos, al incorporar el procesamiento automático de las votaciones de los legisladores, las cuales se registrarán en un archivo de formato abierto. Incluirá resultados por diputado, fracción política, a favor, en contra, origen geográfico (provincia) del diputado, entre otros.

El gran edificio no tiene nada de “búnker” ni es un lugar cerrado, y nadie se quiere ocultar. Todo lo contrario, cumplirá con su esencia de ser un poder de la República necesario para la democracia, transparente, accesible y donde se seguirán tomando las decisiones que harán que los costarricenses vivamos mejor.

El autor es periodista de la Asamblea Legislativa.