Eric Scharf. 22 marzo

Un hombre armado entró a la sinagoga de la congregación Árbol de la Vida en Pittsburgh, Estados Unidos, y abrió fuego. Mató a 11 personas. El atacante llegó poco antes de las 10 de la mañana, hora local del sábado 28 de octubre del 2018, durante el brit mila (bautismo judío) de un bebé. Al abandonar el lugar, se enfrentó a la Policía y fue detenido poco después.

Es el ataque “más letal contra la comunidad judía en la historia de Estados Unidos”, según lo describió la Liga Antidifamación.

Hace una semana, al menos 41 personas murieron y más de 40 resultaron heridas después de que un individuo disparó en dos mezquitas de la ciudad de Christchurch, Nueva Zelanda. Alrededor de las 2 de la tarde, el atacante entró tremendamente armado en el templo musulmán Al Noor y abrió fuego indiscriminadamente contra los feligreses reunidos en la oración del viernes.

Poco después de esa matanza, otras 7 personas fueron asesinadas a tiros en la mezquita de Linwood, a cinco kilómetros de la primera. El hombre fue detenido tras una persecución policial. Es considerado el peor ataque terrorista en la historia de Nueva Zelanda y el más letal desde la masacre en Noruega en el 2011.

Uso de redes sociales. El atacante de la sinagoga fue identificado como Robert Bowers, de la extrema derecha de Estados Unidos. Bowers había publicado contenido antisemita en la red social Gab, calificada por los críticos como un espacio para el discurso del odio para quienes tienen prohibido el uso de las redes sociales tradicionales. En la mañana del día del atentado, Bowers usó esa red social para atacar al grupo Sociedad de Ayuda al Inmigrante Hebreo (HIAS, por sus siglas en inglés) y dijo no poder sentarse y ver como mataban a su “gente”. Tras el ataque, el presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó que el incidente tenía “poco que ver” con las leyes sobre armas de fuego en su país.

El sospechoso del ataque a las mezquitas se identificó como Brenton Tarrant, calificado por los medios australianos de ultraderechista islamófobo. El día de la masacre publicó en su cuenta de Twitter un manifiesto titulado The Great Replacement (El gran reemplazo), donde informó de que pretendía “enseñar a los invasores" que las tierras neozelandesas "nunca serán sus tierras”, refiriéndose a los musulmanes.

“Nuestra patria nunca será la suya, al menos hasta que el hombre blanco viva, y nunca conquistarán nuestro país y nunca sustituirán a nuestra gente”, manifestó. Por eso, no sorprende que entre las víctimas del ataque hubo refugiados y migrantes. Luego del atentado, la primera ministra neozelandesa, Jacinda Ardern, dijo que había llegado la hora de modificar la legislación local sobre la posesión de armas de fuego.

Coincidencias. De ambos acontecimientos convergen coincidencias muy obvias y preocupantes: movimientos migratorios mundiales y xenofobia, ideologías extremistas para “defender” lo que algunos consideran propio, transmisión masiva de mensajes a través de las redes sociales, discusión sobre el derecho o la restricción para la posesión de armas y, lo más aberrante de todo, el odio irracional entre los seres humanos.

Apoyo firmemente la libertad de expresión y el derecho a manifestar distintos puntos de vista y opiniones. Sin embargo, con la misma firmeza, desapruebo ideologías y discursos promotores del odio, la segregación, la desvalorización y la degradación de todo ser humano, así como el uso de las redes sociales para difundir esas posiciones.

Condeno de la forma más enérgica todo asalto a la vida humana por parte del extremismo y el radicalismo. Un ataque contra civiles inocentes es un ataque contra toda la humanidad. El terrorismo es la forma más extrema y repugnante de violencia y de irrespeto a la vida, independientemente de quienes sean las víctimas, el lugar donde se lleve a cabo la matanza o las supuestas causas que se utilizan inútilmente para tratar de justificarlo.

La xenofobia y los crímenes de odio deben erradicarse de toda sociedad alrededor del mundo. Nadie debería sentir temor por practicar su fe. Ningún ser humano debería ser perseguido por su raza, etnia o religión.

El autor es abogado, miembro de la comunidad judía de Costa Rica.