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Foro: Ministerio sin rumbo

Limitar el acceso al presidente o a la información en el tiempo requerido no contribuye a crear confianza

El informe de la exdirectora de comunicación de la Casa Presidencial Laura Valenciano evidencia que en la administración Alvarado Quesada la transparencia ni forjar buenas relaciones con los medios es prioridad.

Aun cuando el Plan Anual Operativo estipula el ejercicio de valores institucionales como la probidad y la diligencia, así como una comunicación directa y proactiva, sus acciones no lo reflejan.

Ya van tres ministros, prueba de inconstancia, falta de rumbo y poca claridad con que la presidencia maneja, desde el punto de vista político, su comunicación.

Los 25 puntos de aprobación con los que cuenta la gestión de gobierno —la más baja en todo el período según una reciente encuesta de CID Gallup— coinciden no solo con la gestión de Agustín Castro como ministro de Comunicación, sino también validan la argumentación de Valenciano con respecto a las prácticas inconvenientes desde que este asumió el cargo, como el alargamiento de los tiempos de respuesta hasta la eliminación de los espacios semanales de atención a la prensa.

Limitar el acceso al presidente o a contar con información en el tiempo requerido no contribuye a crear un ambiente de confianza y credibilidad. Más aún, coarta la libertad de los medios de comunicación de realizar su tarea y merma el efecto que las comunicaciones pueden tener.

Pocas conferencias de prensa, cadenas nacionales y posibilidades de entrevistas al mandatario colocan una nebulosa sobre la Casa Presidencial que conduce a preguntar cuál es la verdadera intención de sumir la gestión en una interrogante sin fin. La lejanía con la ciudadanía es cada vez mayor y conforme pasa el tiempo no hay muestras de acercamiento.

Reporte de trabajo. Si bien es cierto que el presidente ha indicado que no tiene como objetivo aumentar su popularidad, su poco interés no tiene por qué trasladarse a la gestión.

Más que nunca la agenda nacional está cargada de asuntos preponderantes para el país: la ley de empleo público, el préstamo con el Fondo Monetario Internacional, la atención de la emergencia sanitaria y la reactivación económica, por citar unos pocos.

El presidente Alvarado no muestra interés por rendir cuentas periódicamente al respecto. Esto me genera la duda acerca de quiénes están tomando decisiones en nuestro país y a qué precio.

Mientras todo esto ocurre, los grupos sindicales y de oposición se frotan las manos en procura de la consecución de sus intereses y elaboran su cargada agenda de manifestaciones.

Aún más preocupante es la cercanía de las elecciones nacionales, época cuando el oficialismo tradicionalmente maximiza los logros y la oposición señala lo pendiente en busca de réditos en las urnas.

Sería muy lamentable que la administración privilegie en este período la divulgación de sus hitos en cuestiones populares como infraestructura o salud (dada la crisis pandémica), cuando la ciudadanía reclama respuestas a necesidades puntuales como el desempleo y la creciente inseguridad, que han carecido de acciones concretas durante todo este tiempo.

Labor legislativa. En lo que sí ha demostrado habilidad la presidencia es en trasladar responsabilidades al Poder Legislativo para que sea desde las curules donde se lleve el rumbo del país mediante la aprobación de significativas leyes y sean los diputados quienes se refieran públicamente a los proyectos.

A pesar de todo, la administración Alvarado Quesada conserva un pequeño margen de maniobra para salir dignamente. La clave está en asumir su responsabilidad como gobierno y mostrar dirección y liderazgo en la última etapa de su gestión.

Limar asperezas con los medios de comunicación, devolver la transparencia a la casa de cristal y acercarse más a la ciudadanía son parte de los esfuerzos que la presidencia debe asumir si pretende recuperar un poco la credibilidad y confianza en la recta final.

Nuestro país urge de un capitán presente, que anteponga los intereses del país a los partidarios en pleno año preelectoral.

nathamej@gmail.com

El autor es politólogo.