Darner Mora. 1 octubre

Lo confieso con humildad: aunque tengo 40 años de trabajar con y para el agua, cuando trato alguna de las cuestiones de sus diferentes manifestaciones, aprendo más y más.

Un ejemplo fascinante es el papel de los árboles en el ciclo del agua, como la trascendencia de los bosques costeros para el bombeo del recurso hídrico en el interior del continente y, debido a la expansión de los incendios en la Amazonia, el riesgo que sufren los “ríos voladores” y, en consecuencia, su aporte de lluvias a la biodiversidad de la enorme selva tropical.

Esos ríos cruzan la atmósfera velozmente sobre el Amazonas hasta encontrarse con los Andes, y generan lluvias a más de 3.000 kilómetros de distancia. Son vitales en la producción agrícola y para la vida de millones de personas en América Latina.

En este contexto, y anonadado por este nuevo concepto, procedo en este breve artículo a profundizar en los “ríos voladores” que cruzan la Amazonia y, para ubicarnos primero, aportaré los datos más relevantes:

La selva amazónica es el bosque tropical más extenso del mundo. Mide siete millones de kilómetros cuadrados repartidos en nueve países: Brasil, Perú, Bolivia, Colombia, Venezuela, Ecuador, Guyana, Guayana Francesa y Surinam.

La Amazonia se destaca por ser una de las ecorregiones poseedoras de gran parte de la biodiversidad del planeta. El 11 de noviembre del 2011 fue declarada una de las siete maravillas naturales del mundo.

En Brasil, el bioma Amazonia ocupa cerca del 40 % del territorio y se extiende por los estados de Pará, Amazonas, Amapá, Acre, Rondônia y Roraima y algunas partes de Maranhão, Tocantins y Mato Grosso.

El milagro. Los siete ríos de la región Amazónica son el Amazonas, el Caquetá, el Apaporis, el Putumayo, el Guainía, el Guaviare y el Vaupés. No obstante, existen otros más poderosos que llevan agua a vastas regiones de Suramérica, pero no son ríos comunes. Son “ríos voladores” o flujos aéreos masivos de agua en forma de vapor que provienen del océano Atlántico tropical y son alimentados por la humedad producida por la evapotranspiración de los miles y miles de árboles de la Amazonia.

Esos ríos cruzan la atmósfera velozmente sobre el Amazonas hasta encontrarse con los Andes, y generan lluvias a más de 3.000 kilómetros de distancia. Son vitales en la producción agrícola y para la vida de millones de personas en América Latina.

Lamentablemente, el ciclo hidrológico y sus ríos voladores han resultado afectados por las políticas equivocadas en los usos del suelo de la selva por parte de los presidentes de Brasil y Bolivia, Jair Bolsonaro y Evo Morales, respectivamente, en favor de la minería, la ganadería y los cultivos de palma africana, y también mediante la promoción de focos de incendios, lo que, según la alerta de los científicos, puede transformar la Amazonia en una enorme sabana.

El autor es salubrista público.