Fernando Morales Martínez. 4 octubre

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha venido insistiendo en una nueva realidad: los 70 años de hoy equivalen a los 60 del pasado.

La OMS hace énfasis en que la expectativa de vida se alarga y las poblaciones de más edad gozan de independencia para movilizarse y efectuar las actividades de la vida diaria. Disfrutan de autonomía gracias a la capacidad de decidir cómo desean vivir.

En todos los países, se analiza y discute ampliamente la cuestión y se abre un paradigma que obliga a revisar y definir las nuevas edades de jubilación en el mundo.

El éxito de una vejez feliz radica en la higiene, la actividad mental y el entrenamiento de la memoria, así como la orientación de la realidad y la actividad cultural y social.

En forma paralela, se plantea la necesidad de mantener y preservar la salud del adulto mayor mediante programas preventivos de valoración, estilos de vida saludables, ejercicio físico y recreación bien dirigidos; modalidades y actitudes que, necesariamente, conducen a prolongar esa tan necesaria y crucial calidad de vida cuanto sea posible, en ausencia de enfermedades y sin el uso y, sobre todo, del abuso de medicamentos.

Se procura, entonces, alcanzar la integridad, la amistad, el respeto y el involucramiento de la sociedad entera en esta nueva forma de cuidarnos y de apreciar el día a día.

Los costarricenses podemos formar parte de esta experiencia y gozar de autonomía en edades de ochenta, noventa, cien años o más.

Prevención. Debemos despertar y practicar nuestro autocuidado; alejarnos de las enfermedades, hasta donde sea posible, y aspirar a una vejez plena y exitosa.

Lo anterior conlleva reducir al mínimo el efecto de las enfermedades inevitables, lo cual se consigue con prevención y control de los factores de riesgo, un diagnóstico temprano y el tratamiento integral.

A lo antes dicho debe sumársele la prevención de accidentes, fomentar la capacidad intelectual y, fundamentalmente, mantener un estado de ánimo positivo.

El éxito de una vejez feliz radica en la higiene, la actividad mental y el entrenamiento de la memoria, así como la orientación de la realidad y la actividad cultural y social.

Ayudará aprender técnicas de adaptación, reevaluar la escala de valores, despojarse de prejuicios y mantener una plena integración familiar, social e intergeneracional.

Para ello es vital afirmar y fomentar los contactos sociales, poseer una vivienda adecuada, evitar el aislamiento, buscar la unión familiar y establecer puentes intergeneracionales. En síntesis, el envejecimiento exitoso es un estado positivo, libre de enfermedades.

Red de apoyo. Propiciar la vida en comunidad implica la responsabilidad de trabajar en las causas para evitar o demorar el efecto de las enfermedades, cuando estas se presentan.

Es necesario fortalecer los vínculos sociales: participar en actividades que fomenten las relaciones con la familia, los amigos y los vecinos; aprender nuevas habilidades para prevenir el aislamiento, como hacer uso de las nuevas tecnologías; acudir a los servicios sociales; y dejarse aconsejar e integrarse.

Es recomendable hacer ejercicio al aire libre, con ropa cómoda y en buena compañía; evitar hacerlo después de las comidas y durante las horas de calor.

Antes de iniciar y al terminar, debe hacerse ejercicios de estiramiento para evitar lesiones y dolores musculares. En general, tomar suficientes líquidos y adaptar la actividad física al ritmo personal. En caso de ejercitarse en grupos, se debe evitar la competencia.

Es cuestión de propósito y sentido común. Por ejemplo, aprovechar las tareas de la vida diaria para efectuar actividad física, como usar las escaleras en lugar de los ascensores y hacer las tareas de la casa.

La actividad física debe ser agradable y placentera; si se produjeran algunas molestias o dolores, se debe suspender para evitar riesgos. ¿Cómo conseguir todo esto? La respuesta es sencilla, pero depende, esencialmente, de cada uno de nosotros.

fernando.morales@ucr.ac.cr

El autor es geriatra y gerontólogo.