Maricruz Leiva Ledezma. 23 noviembre, 2020

Las últimas semanas han sido de protestas, huelgas, cierres de vías y frustraciones. ¿Cómo llegamos tan lejos? Muchos reclaman falta de liderazgo del presidente, Carlos Alvarado, al tiempo que surgen pseudolíderes exigiendo una solución a sus necesidades particulares.

El líder de hoy no solo debe ver la parte económica. Debe trabajar de la mano de la sostenibilidad, ser sensible a los desafíos, considerar a los grupos minoritarios: niños, jóvenes, adultos mayores, etnias; además, debe velar por los derechos humanos y los recursos naturales; luchar contra la pobreza y reivindicar el papel de las mujeres dentro del mercado laboral, la familia y la política.

Un líder posee inteligencia emocional. Esta cualidad no tiene relación con el IQ y se construye a lo largo de la vida. Es la capacidad de aprender de experiencias, dominar emociones y controlar actos y reacciones asociadas al carácter.

El IQ sirve para aprender en los primeros años, pero la inteligencia emocional ayuda a madurar, aceptar y adaptarse a las circunstancias, principalmente en la adultez.

El líder suele ser un servidor, sus seguidores son lo primero, se olvida de sus propias necesidades e intereses en favor del bien común.

También es humilde, no anda a la defensiva, busca el consenso, respeta y escucha opiniones. Si comete un error es el primero en reconocerlo y enmendarlo. Tampoco impone. Inspira a trabajar por el bien común, promueve los valores. Es sensible y empático.

Asimismo tiene un propósito mayor y este no gira en torno a su vida, sino alrededor de la sociedad que representa. La ética es la base de su propósito.

En tiempos de crisis es vital que todas las partes tengan claro cuál es su papel en la sociedad. La comunicación, por tanto, es un arma fundamental para el consenso y la toma de decisiones.

Un modelo. El líder no se apega a un solo estilo. Por el contrario, analiza cada situación. A veces las decisiones, aunque justas, producen roces entre los seguidores, por lo que quien está a la cabeza del grupo debe enfocar toda su capacidad, inteligencia emocional y habilidad en decidir su estilo de liderazgo.

Existen muchos estilos de liderazgo y no hay una sola definición. La mayoría de los expertos lo enmarcan en seis conceptos:

Coercitivo: obliga a las personas a hacer lo que cree conveniente sin escuchar a sus seguidores. No pide opinión y simplemente quiere alcanzar metas. En circunstancias muy específicas se necesitará a alguien así.

Orientador: es un maestro en planificación estratégica. Piensa en el crecimiento como un impulsor. Es visionario, motiva a las personas y les aclara el trabajo y su rol. Este liderazgo es muy útil cuando se está a la deriva.

Afiliante: las personas son su meta principal, por tanto, desea mantenerlas felices y en armonía para construir vínculos con ellas. Tal modo de proceder genera lealtad.

Democrático: es quien permite que sus seguidores ayuden, opinen y tomen decisiones para conseguir metas. Construye confianza y respeto, pues escucha opiniones. Desgraciadamente, no siempre es posible ejercerlo porque de nada sirve escuchar y tratar de llegar a un consenso, si las partes no son competentes o sencillamente carecen de criterio para opinar. En tiempos de crisis a veces es un error tratar de estar todos de acuerdo.

Ejemplar: es poco común, básicamente porque el líder quiere que todo el mundo actúe como él. La obsesión por hacer las cosas de cierta manera, más rápido o mejor, no siempre da el mejor resultado.

Formativo: ayuda a sus seguidores a identificar sus fortalezas y debilidades. Impulsa a las personas a marcar sus metas con una estrategia. Este líder sabe delegar, pero es una rara avis.

Transformacional. los líderes de hoy ya no son verticales en sus decisiones. El liderazgo transformacional ve el futuro y la mejor manera de transitarlo. Los proyectos se formulan y comunican; son realistas, concretos y alcanzables. En tiempos de crisis, debido a la incertidumbre, liderar, aunque suene redundante, es la respuesta.

El presidente, su gabinete, los sindicatos, los empresarios y los gremios que participan en la búsqueda de soluciones deben meditar acerca de qué tipo de liderazgo quieren en este momento.

Costa Rica clama verdaderos líderes que dejen atrás todo egoísmo y trabajen en favor de todos.

La autora es estudiante de maestría en Responsabilidad Social, Liderazgo y Sostenibilidad.