María Paula Loría Cambronero. 5 noviembre, 2019

Dado el agravamiento de los efectos del cambio climático, es necesario considerar la creación de ciudades inteligentes.

Construirlas conlleva el uso masivo de tecnologías, aplicaciones interconectadas y una conexión entre la ciudad, las compañías y el público.

Viviendas bioclimáticas serán necesarias para sobrevivir en un futuro no muy lejano. Medellín, Toronto y Barcelona están en transición hacia la inteligencia tecnológica.

Son comunidades sostenibles, centros de ideas, comercio, cultura, ciencia, productividad, desarrollo social y progreso económico. El fin principal es proteger y conservar el medioambiente, por tanto, deben ser eficientes energéticamente, construidas mediante una arquitectura para reducir los efectos negativos en el medioambiente.

Entre los beneficios de desarrollar ciudades inteligentes se encuentra la disminución del consumo de recursos naturales. Donde se concentran las grandes cantidades de población se necesita gran parte del suministro energético mundial. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), las ciudades actuales son responsables del 70 % de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Las urbes del futuro no funcionarán de forma común porque producirán su propia energía renovable. Las energías verdes cuestan hoy mucho menos que las generadas mediante la quema de combustibles fósiles. En consecuencia, bajan las emisiones de contaminantes y ahorran dinero.

Otro beneficio es la gestión del agua, la luz y los estacionamientos, así como la creación de nuevos empleos en el sector tecnológico. Los medidores y las alertas electrónicos ayudan a la población a medir sus gastos y reducirlos.

Por otro lado, viviendas bioclimáticas serán necesarias para sobrevivir en un futuro no muy lejano. Medellín, Toronto y Barcelona están en transición hacia la inteligencia tecnológica. Songdo, en Corea del Sur, fue construida cien por ciento inteligente y verde.

Este tipo de localidades son el futuro de la vida y parte del éxito si nos empeñamos en combatir el cambio climático.

La autora es estudiante universitaria.