Ricardo Monge González. 17 junio

Diversas investigaciones han analizado el desempeño del sector exportador y su contribución al crecimiento de la productividad, a la generación de empleo y al crecimiento económico.

Por ejemplo, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Costa Rica, también reduce los niveles de pobreza y la desigualdad. Por lo anterior, incrementar las ventas al exterior es vital.

El sector exportador genera tanto empleo directo como indirecto por medio de sus encadenamientos productivos, los cuales, sin duda, pueden aumentarse. Un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) revela que las actividades exportadoras costarricenses generan aproximadamente un 30 % de las fuentes de trabajo en nuestro país, principalmente, la venta de servicios (43,9 %), la manufactura (34,4 %) y la agricultura (21,7 %).

Los puestos de trabajo son principalmente de media y alta calificación (60,3 %), aunque se observan grandes diferencias en esta materia entre los tres sectores productivos y al interior de cada uno de ellos. Así, mientras en el agrícola el 82 % de las ocupaciones corresponde a personal no calificado, en los de manufacturas y servicios son mayormente de calificación media y alta (con participaciones del 70 % y el 73 %, respectivamente).

En el estudio, también se indica que por cada millón de dólares de incremento en las exportaciones agrícolas se crean 67 empleos (tanto directos como indirectos). En el caso de la ganadería, serían 55 puestos de trabajo por cada millón de dólares adicionales que se exporten. En otros productos manufactureros, turismo y servicios, por cada millón de dólares adicionales de exportaciones se generarían 65, 52 y 49 empleos, respectivamente.

Dados los anteriores resultados, llama la atención que las autoridades no incluyan políticas que favorezcan el esfuerzo exportador en sus planes de reactivación. Más bien, hay políticas que tienden a frenarlo. Veamos algunas de ellas:

Tipo de cambio. La reciente apreciación del tipo de cambio se constituye en un impuesto implícito para los exportadores. Una apreciación de ¢40, como la que se calcula ha experimentado la economía recientemente, equivale a un 6 % por cada dólar exportado.

Apertura de mercados. No hay esfuerzos por abrir nuevos mercados, como podría ser la inclusión de Costa Rica a la Alianza del Pacífico.

Proteccionismo. Es bien sabido que para una economía pequeña toda tarifa arancelaria sobre las importaciones se traduce en un impuesto implícito sobre las exportaciones. En Costa Rica, el proteccionismo existente para varios productos agrícolas y manufacturados equivale a trasladar un 66 % de la tarifa arancelaria promedio como impuesto implícito sobre las exportaciones. Por ello, urge llevar a cabo la desgravación arancelaria pendiente.

Recursos humanos. Se ha señalado con mucha insistencia que la generación de recursos humanos por parte de las instituciones de enseñanza debe alinearse a las necesidades de las actividades más productivas y dinámicas, pues en la actualidad existe una gran brecha entre la demanda de recursos humanos del sector productivo y la oferta de la academia. Deben reconocerse los esfuerzos que la administración lleva a cabo en instituciones de enseñanza, como el INA, para atacar este problema.

Infraestructura. Urge aumentar la capacidad de gestión del sector público para llevar a cabo obras de infraestructura que mejoren el transporte de personas y de carga, muchas de las cuales ya cuentan con financiamiento.

Encadenamientos productivos. Varios estudios señalan la necesidad de incrementar los encadenamientos productivos del sector exportador para generar un efecto dinamizador en el resto de la economía.

Para ello, es vital fortalecer la capacidad exportadora de las empresas domésticas, así como una mayor integración productiva con otras empresas locales. Este objetivo demanda una política de desarrollo de clústeres con base en las mejores prácticas internacionales.

La idea central detrás de esta recomendación es un modelo de cooperación privado-privado (empresas clientas, proveedoras y competidoras, dispuestas a cooperar en beneficio de unas y otras), al que se une otro de cooperación público-privada (instituciones de educación e investigación, así como instituciones de Gobierno), todo dentro de una misma cadena de valor. Los clústeres permiten crear un ambiente que promueve la innovación, la productividad, la exportación y la mejora de los modelos de gestión, principalmente, en las pymes, todo lo cual facilita el desarrollo de ventajas competitivas a largo plazo y, por ende, aumento en las exportaciones.

El autor es economista.