Iván Brenes Reyes. 19 marzo

El coronavirus dejó al descubierto la vulnerabilidad de los sistemas de salud mundiales. La covid-19 ha mostrado gran capacidad de contagio entre las personas, a lo cual se suma que ningún ser humano ha desarrollado la inmunidad para contener los efectos.

Está demostrado que la curva de casos sintomáticos detectados es sumamente inferior a los de portadores del virus asintomáticos. Si no se acata el aislamiento social, la propagación será inevitable.

Existe un común denominador en los Estados donde hay más enfermos por la covid-19: las primeras medidas fueron dirigidas a no afectar la economía y las poblaciones no tomaron en serio las recomendaciones básicas de prevención. A causa de eso, sobrevino el pico de casos, el colapso de los servicios de salud y el desabastecimiento de productos de limpieza.

Los gobiernos de esos países adoptaron medidas para limitar las libertades de tránsito: cuarentena, suspensión de lecciones, multas a quienes salgan de sus casas si no es por extrema urgencia, cierre de fronteras y suspensión de vuelos provenientes de los países más afectados.

En vista de la saturación de los hospitales, el trabajo se basa en criterios de medicina de guerra, es decir, prima la atención de quien tenga más probabilidades de supervivencia.

En Costa Rica, no se están acatando las directrices, para prueba están las visitas a playas, bares o discotecas durante el fin de semana pasado y el abarrotamiento de los centros comerciales y supermercados. Urgen medidas más estrictas. No hay que esperar niveles que sobrepasen la capacidad de respuesta.

Está demostrado que la curva de casos sintomáticos detectados es sumamente inferior a los de portadores del virus asintomáticos. Si no se acata el aislamiento social, la propagación será inevitable.

La única acción para lanzar un mensaje contundente a la población es establecer un toque de queda; limitar las libertades de tránsito.

Solo así se mitigará el pico de pacientes que empezará a verse dentro de escasas dos semanas, producto de la irresponsabilidad con que los costarricenses han actuado en los últimos días.

Debe prevalecer la conciencia del verdadero peligro al que nos exponemos y exponemos a los demás, de otra manera no habrá resultados diferentes a los de otros países. La vida está por encima de cualquier otra necesidad.

El autor es expresidente de la Comisión Nacional de Emergencias.