César Peñaherrera y Mariano Castro Jiménez. 17 marzo

Un grupo de investigadores registró meses atrás, por primera vez, el recorrido de un tiburón ballena desde las islas Galápagos, en Ecuador, hasta la isla del Coco.

La hembra, bautizada como Coco, viajó a través de lo que se conoce como la migravía Coco-Galápagos, un corredor marino transfronterizo utilizado por distintas especies migratorias y que conecta ambos sitios declarados patrimonio de la humanidad.

Mediante el uso de nuevas tecnologías, como transmisores acústicos y satelitales, entendemos mejor los hábitos y comportamientos de la fauna marina, e incluso descubrimos hechos que antes eran impensables, por ejemplo, la ruta migratoria seguida por Coco, información sumamente valiosa, pues nos brinda una idea de cuáles son los hábitats críticos para la biodiversidad y, así, damos prioridad a las zonas necesitadas de mayor protección para garantizar la salud de los ecosistemas marinos.

Si bien Ecuador y Costa Rica realizan ingentes esfuerzos por proteger la rica biodiversidad en las aguas que rodean las islas Galápagos y del Coco, cuando las especies marinas salen de los límites de estas áreas quedan indefensas y podrían ser capturadas por las flotas pesqueras.

En otras palabras, ¡la ruta migratoria utilizada por especies como el tiburón martillo, el tiburón zorro, la tortuga baula o la tortuga verde está prácticamente desprotegida!

Foto: Jonathan R. Green
Foto: Jonathan R. Green

Ciclo de conservación. Fortalecer la protección de nuestro océano es indispensable, no solo para recuperar las poblaciones de especies en vías de extinción, sino también con el propósito de garantizar a las de interés comercial la salud a lo largo del tiempo.

Asegurar un ecosistema estable también es crucial para el trabajo de miles de comunidades pesqueras dependientes de los océanos. Un ecosistema saludable contribuye a la regulación del clima y a la producción de oxígeno, necesarias para la vida en el planeta.

Iniciativas intergubernamentales como la Alianza Global por los Océanos, de la cual Costa Rica y Ecuador forman parte, promueven un compromiso entre los gobiernos para proteger, cuando menos, un 30 % de nuestro océano de aquí al 2030.

Según datos del atlas de áreas marinas protegidas (www.mpatlas.org), Costa Rica cuida apenas alrededor de un 2,7 % de su área marina y Ecuador, aproximadamente, un 13 %, que si bien este último es un porcentaje más alto, aún se encuentra lejos de la meta del 30 %.

El océano es uno solo. Tiburones, tortugas, peces y otros animales migran por el océano sin reconocer límites o fronteras.

Costa Rica y Ecuador tienen la oportunidad de ejecutar, mediante la protección de la migravía Coco-Galápagos, una solución innovadora para la conservación de las especies migratorias que utilizan el corredor marino transfronterizo.

Gracias a la migravía serán posibles la conexión de dos países cuyas fronteras marítimas y retos son comunes y el manejo sostenible de los recursos marinos presentes en la región del Pacífico tropical oriental.

Sobre los autores: César Peñaherrera es biólogo marino y Mariano Castro Jiménez, abogado.