Rodrigo Cárdenas Valenzuela. 11 septiembre

Las regulaciones innecesarias llegan a convertirse en un elemento perturbador de la libertad económica y favorecen el estancamiento y la pobreza.

El premio nobel Douglass North lo demostró con enorme lucidez y desde una perspectiva económica. Según North, se necesita una regulación reducida, flexible y coherente para funcionar de manera adecuada y así facilitar el bienestar económico de la población.

A finales de los años ochenta y durante los noventa, Costa Rica detectó la necesidad de llevar a cabo una reforma del Estado basándose en un ambicioso espectro de cambios legales.

La aprobación de las nuevas normas referentes a las huelgas es un buen paso. Sin embargo, precisa un cambio radical de mentalidad para apreciar la libertad económica y cercenar al Estado para que se centre en lo estrictamente necesario.

Las propuestas de aquella época constituyen excelentes ejemplos de cómo el derecho se compromete con un desarrollo fundamentado en el libre mercado. Sin embargo, muchos planes no se materializaron —salvo valiosísimas excepciones que nos benefician todavía hoy—, debido a las diferencias ideológicas de los actores políticos de aquella época y la violenta oposición de grupos de burócratas.

Reducción. Las experiencias exitosas de múltiples países, y el dramático fracaso de otros más cerca del nuestro, arrojan luz sobre cómo promover el desarrollo económico desde la perspectiva del derecho.

Resulta evidente que la libertad económica constituye la base de la prosperidad. Por consiguiente, el derecho debe definir el entramado normativo a partir de este concepto.

Para que lo descrito llegue a materializarse, se necesita un audaz conjunto de reformas constitucionales, legales y reglamentarias para ponerlas a tono con el libre mercado, la inversión interna y externa, la protección irrestricta de la propiedad privada y la eliminación de monopolios estatales y empresariales producto de regulaciones preferentes.

Igualmente, las reformas deben encaminarse a la reducción del Estado mediante la venta de activos, disminuir impuestos —junto con la inversión necesaria para la mejora de la recaudación—, la eliminación de la intervención estatal en determinados sectores, la solidaridad social y la radical eliminación de trámites innecesarios.

Lo anterior nos lleva a concluir que menos regulaciones, producto de la libertad económica, generará más bienestar a la sociedad.

Hechos recientes. La aprobación de las nuevas normas referentes a las huelgas es un buen paso. Sin embargo, para que en el futuro los acuerdos no sean tan dolorosos, precisa un cambio radical de mentalidad para apreciar la libertad económica y cercenar al Estado para que se centre en lo estrictamente necesario.

El derecho no debe limitarse a regular transacciones y dirimir conflictos. Debe presentarse como elemento decisivo para el desarrollo económico. Nuestros ciudadanos deben tomar conciencia de que la prosperidad se logra a partir del esfuerzo de cada uno en un ambiente de libertad.

El autor es abogado.