José Luis Araya. Hace 5 días

“Abrazar la disrupción” es quizás una de las frases más comunes dichas por quienes se desempeñan en entornos de innovación y emprendimiento.

Tal vez sea el resultado del actual mundo volátil, incierto, complejo y ambiguo (VUCA, por sus siglas en inglés).

Es usual escuchar sobre la gran cantidad de partidos políticos que existen, lo cual, para algunos, es causa de la ingobernabilidad. No obstante, esta tendencia global tiene beneficios.

Las nuevas fuerzas políticas han desestabilizado a los partidos tradicionales, los cuales usualmente han tenido agendas conservadoras o intereses particulares. Cuando las nuevas fuerzas políticas ingresan al escenario, presentan programas frescos, la mayoría de ellos abordan asuntos que nadie se atrevía o le interesaba ejecutar.

La coyuntura ha generado que los partidos tradicionales muestren cierta resistencia al cambio, comiencen a hablar de las nuevas agendas o, en el mejor de los casos, formen parte del cambio abrazando las nuevas propuestas.

Está claro que el panorama multipartidista hace que la negociación se torne más compleja; sin embargo, como sociedad, se avanza en la búsqueda de equidad y justicia para muchos ciudadanos. Ojalá algún día podamos decir toda la ciudadanía, de manera inclusiva.

Transformación. Vivimos la evolución social más acelerada de la historia. La clase política se ve también acechada por el avance y podría decirse que no sabe cómo actuar frente a situaciones volátiles, inciertas, complejas y ambiguas.

Por tal razón, se torna medular que los políticos desarrollen nuevas habilidades que les faciliten tomar control del contexto, lo cual se debe traducir en una visión estratégica que los lleve a disminuir la rigidez con que han venido trabajando y que podría frenar el avance ante la volatilidad de los entornos modernos.

Tener la capacidad de asumir riesgos y trabajar de forma congruente con la visión estratégica, les ayudará a afrontar de mejor manera la incertidumbre y la ambigüedad.

Nuestro mundo está inmerso en un constante cambio, la volatilidad requiere personas flexibles, resilientes y congruentes, que no dejen de lado los valores dignos e inclusivos y actúen con ética en toda situación.

La complejidad y la ambigüedad se controlan cuando se tiene en mente la excelencia como premisa y se incluyen todas las capacidades mencionadas anteriormente, sin soslayar la empatía en las relaciones con quienes se debe negociar.

En la actualidad, las ideologías políticas importan poco, la ciudadanía se interesa más por el desarrollo y resolver sus necesidades. Es así como el auge de las redes sociales ha hecho que algunas fuerzas políticas entiendan la situación, reaccionen de forma oportuna y obtengan un éxito interesante en los distintos procesos electorales.

El cuidado que se debe tener es no caer en el populismo porque no solo daña a los partidos que representan, sino al país en general.

Pareciera que nuestro electorado ya no es tan de izquierda, ni tan de centro, mucho menos de derecha, simplemente analiza propuestas y reacciona por la fuerza política que más similitudes tenga con sus expectativas.

Sentido de responsabilidad. Ciertamente, las nuevas fuerzas políticas deben ser responsables en los cargos que ostentan por elección popular. Por tanto, deben proponer sus mejores fichas, quienes con un sentido de compromiso y preparación responderán a los que les han confiado su voto.

Es así como el nuevo mundo VUCA tiene un impacto deseable en el desarrollo político local y mundial. La tendencia es irreversible y las fuerzas políticas deberán aprender a negociar mejor, desarrollar nuevas habilidades y, sobre todo, actuar con madurez política que se vea reflejada en como enfrentan situaciones VUCA.

Ser conscientes de que nos enfrentamos a un mundo VUCA es el primer paso para arrostrar los retos que se presentan ahora y los que vendrán en el futuro. El primer paso generará cultura en un entorno tan VUCA como la política misma.

El autor es ingeniero industrial.