Ramón Luis Méndez. 20 febrero

El músico Jacques Sagot, más preocupado por mostrar a los lectores de La Nación sus conocimientos de filosofía —muchos de ellos intercaladamente forzados— que en arribar a los temas con el equilibrio de ánimo que un analista debe tener, irrumpe con un sistema muy vil para desembozar una ofensa más a los blancos de sus críticas: inventa lo que no se ha dicho para usarlo de plataforma y ponerme en un papel decrépito ante la opinión pública.

Sagot no ha aprendido, después de varios años de aprovechar la magnífica oportunidad que le da La Nación, a analizar sin ofender, a criticar sin humillar. Cree que usando una palabrería áurea, ajena al entendimiento popular, se gana el respeto y la admiración.

Que Sagot me haya agregado, falsamente, la frase inventada solo por él: “Y no para mujeres”, es una infamia malintencionada.

Mejor fin le daría a su discurso si aprendiera a usar la ironía, el sarcasmo, pero sutil, la denuncia con donaire. Pero no puede.

En su columna del 17 de febrero pasado, titulada “De vuelta a la Edad de Piedra”, afirma: “‘El fútbol es de hombres, no para mujeres’, sentenció el comentarista — en programa reciente— ".

El entrecomillado significa, tanto en español como en francés, que lo transcrito es literal. Entonces, miente. No solo saca de contexto la primera frase que sí expresé, sino que le agrega, con intención inconfesable: “No para mujeres…”, lo cual nunca dije, pero le encaja bien para afectar mi imagen pública presentándome como un misógino o, como lo plantea en su artículo, un cavernario, furibundo enemigo de la femineidad.

Ya aprendió, como le sucedió cuando lanzó infamias contra el árbitro Pedro Navarro, que la “retractación” es una cobarde puerta de salida cuando se injuria y calumnia. Vamos a ver si conmigo, de frente a un tribunal, que le anuncio, va a volver a utilizarla.

Aclaro a los lectores: en el análisis arbitral que desde hace 25 años realizo para Teletica Deportes y en donde mi primer análisis fue, irónicamente, en un partido de damas, en una jugada considerada brusca sucedida en el pasado clásico, referí que “el fútbol es de hombres", al interpretar que la brusquedad de la jugada no era para sancionar con tarjeta roja a ambos jugadores. Pero, era ese momento, era esa jugada, era ese partido.

La televisión no permite, como en la prensa escrita, moldear lo que se dice para ajustarlo mejor al mensaje que se quiere dar. La rapidez exigida no da el lujo de completar sobradamente lo que uno quiso decir. Y, sin que nadie se rasgue las vestiduras, el fútbol jugado por varones es más rudo, más grosero que el de mujeres. Y me quise referir a ese fútbol, el de varones, solamente.

Tengo por el fútbol femenino una enorme admiración. Creo, vehementemente, que es más técnico, más estilístico, más sincero, más sano. Pienso que debe fomentarse y que podría llegar a destronar al masculino, si este no mejora algunas de sus peores características.

Que Sagot me haya agregado, falsamente, la frase inventada solo por él: “Y no para mujeres”, es una infamia malintencionada por la que tendrá que responder.

El autor es analista arbitral.