Alberto J. Chaves Chacón. 18 noviembre, 2020

Una definición que tiende a ser confusa en el statu quo de cada individuo respecto a la vida es la mediocridad; sin embargo, considero que la medición del grado de esta cualidad podría fácilmente efectuarse mediante un elemento cotidiano llamado resultados.

Es sencillamente la confrontación entre lo que se tiene o no se tiene, bajo la premisa ineludible de que las capacidades humanas no se cuestionan basadas en el argumento infalible de que nuestra imagen y semejanza está definida desde la supremacía, por lo que, desde mi perspectiva, no es la excusa para justificarse.

Por mi experiencia como profesor universitario, desde hace varios años percibo este fenómeno del comportamiento humano en la actitud y voluntad, en lo concerniente a los niveles del esfuerzo, la responsabilidad, la pasión por cumplir los objetivos a la primera y con la calidad.

El gurú de la calidad William Edwards Deming establece 14 principios. El primero me llama poderosamente la atención porque se refiere a la constancia en los objetivos de la mejora continua.

Este principio responde a las interrogantes y al tipo de sociedad que estamos construyendo en las aulas y fuera de ellas para la vida.

Ser mejores personas es la gran revolución del conocimiento y de la educación, la cual debe insertarse también en el contexto de la revolución 4.0, que involucra la tecnología y las funciones digitales.

Sin duda es un gran reto para el siglo XXI y la sociedad de los próximos 30 o 50 años, en la cual posiblemente no estaré o estaré pronto a irme, pero me preocupa en la actualidad que estar en un aula universitaria no sea garantía de la construcción de una mejor persona y nos hace ver en retrospectiva que algo ha fallado en los años anteriores en la educación costarricense.

La realidad es que se promueve lo fácil, no complicarnos, no investigar, no informarnos, no crear criterio, no tener pensamiento crítico, y sobre la invasión de estrés social lo cual debilita las cualidades blandas o suaves.

Concluyo preguntando, ¿en qué hemos fallado? Yo respondería, sin detenerme a contestar la pregunta: «La mediocridad debe resolverse mediante la reforma de la educación costarricense».

El autor es ingeniero industrial.