Nayeong Kwon. 1 mayo

En una conversación sobre México, es muy común escuchar sobre desapariciones, corrupción, asalto, robo, narcotráfico, violencia y acoso sexual. De tantos crímenes que ocurren cada día, las cifras ya no son sorprendentes.

La injusticia, el miedo, el vivir como una víctima de una sociedad que no provee seguridad se ha vuelto algo ordinario en la vida cotidiana de un residente en México. Claro, hubo acciones, manifestaciones, protestas, propagandas, noticias, artículos y hasta libros extendidos donde muestran a la comunidad esforzada para reducir e informar sobre los crímenes; sin embargo, los frutos de aquellos sacrificios no han sido cosechados según la intención, o hasta ahora están en su estado verde e inmaduro, agrio al sabor.

Todo el ciclo de preguntas redundantes que nunca son respondidas por el gobierno queda resonando retóricamente: ¿Cómo debe resolverse el dilema de la injusticia en México? ¿Cuánto más deben sufrir las víctimas y sus cercanos para que el gobierno se dé cuenta de la gravedad de nuestra realidad? ¿Cuánto más deben empeorar las circunstancias en el país para que realmente se actúe para cambiar la imagen negativa del país?

Es imposible resolver los problemas mencionadas de un día para otro. Para ello, se necesita invertir tanto dinero como tiempo en elementos fundamentales como la educación, la salud, la vivienda, el trabajo y proveer la atención y la dedicación adecuadas a la clase social que ha sido víctima de abuso para la simpatía de un gobierno que prometía el cuidado de ella.

Históricamente, México ha tenido seres valientes y tercos quienes luchan por el bienestar de los ciudadanos, pero en el presente vemos una mayoría acostumbrada a formar parte de una comunidad donde los delitos son rutinarios.

No es posible que un país que ha concebido tantos héroes nacionales se acobarde con la excusa de “estar acostumbrado” a todas las injusticias y violaciones a la seguridad de cada individuo. Más triste aún es que los mismos ciudadanos digan “pues así es México”, “pues mira, este es un país donde todo es posible menos el combatir la justicia”. ¡Y lo dicen con tanta indiferencia! Esos dichos no son justificaciones ni razonamiento tras el hecho de que uno viva temblando cada día.

Lo que empeora la situación de México, además de la delincuencia, es la falta de información acerca de esos problemas. No todas las personas tienen la misma oportunidad de acceder a la información, mucho menos se respeta la libertad de expresión porque no sabemos qué les puede pasar a quienes quieren revelar la corrupción.

Es un proceso muy largo arreglar lo que se tiene que arreglar, lo que nos demuestra la realidad es que no importa cuánto esfuerzo se haga porque lo que regresa es una realidad miserable. Es evidente que ningún esfuerzo resolverá los problemas de los mexicanos.

Si nadie se preocupa por la imagen de su país, es imposible construir una sociedad estable, en el caso de México, a pesar de todos los esfuerzos hechos por los ciudadanos para tener una vida más segura, sigue siendo una vida violenta y peligrosa. Lo que nos interesa es la solución, la respuesta a los problemas del país y la imagen de México sigue siendo la desaparición, la corrupción, el asalto, el robo, el narcotráfico, la violencia, el acoso sexual y el secuestro.

La autora es estudiante del Tecnológico de Monterrey.