Esteban Aronne Sparisci. 15 julio

El costarricense es solidario, innegablemente. Ejemplos sobran. Después de terremotos o inundaciones, tiende la mano; durante las cruzadas navideñas, da dinero. Basta con repasar las acciones de algunos movimientos comunales para constatarlo.

Tenemos defectos, pero no es el propósito de esta columna. El domingo 7 de julio fui testigo, en primera línea, de la hermandad costarricense. Me movió ayudar a Erick Marín, a quien no conozco, pero varios familiares de primer o segundo grado de consanguinidad han sufrido, en menor o mayor grado, cáncer. Como muchos saben, no es nada agradable.

Sobre todo, bien por el costarricense: donó, ayudó, aprendió sobre la enfermedad y valoró la lucha de Erick y su familia.

Fueron 15.060 personas al Estadio Nacional. Todo impecable: la gramilla, los accesos y los baños; reinó el orden, la seguridad y el buen ánimo.

No era un partido de tenis, en el cual se pide silencio. Por supuesto, hubo uno que otro insulto, fuertes recriminaciones al portero Aarón Cruz y al mismo Ariel Lassiter, quien andaba “endiablado” y en ocasiones parecía querer correr hasta la soda Tapia, que, por cierto, debió haber hecho su agosto en pleno julio.

Pero hubo mucho más. El ganador fue Erick Marín porque irán a sus arcas y a las de su familia ¢15 millones. Enfrentar al cáncer no es combatir una gripe; hay que acomodar estilos de vida, casas de habitación, dietas y hasta trabajos.

En primera instancia, todos queremos que el defensa de 37 años gane este partido. Los médicos dirán luego si puede volver a jugar fútbol, aunque la vida va más allá de un balón. Muchísimo más. Erick lo sabe. Con la fuerza mental que posee, la ayuda familiar y un adecuado tratamiento médico, todos esperamos que esta tercera vez de lucha contra el cáncer sea la vencida. El cáncer no es sinónimo de muerte.

Fue un domingo muy especial. Familias entremezcladas con camisas moradas y rojinegras. Gente bromeando con el de al lado cuando uno u otro delantero fallaba un gol. Comentarios en los baños sobre el agradable partido y que si el Mac hubiera estado la ventaja habría sido mayor, pero que con Rubilio Castillo el partido quedaba empatado. Paz total.

El partido no era lo importante. Pero un clásico ni un muerto quiere perdérselo. Fue un juego vistoso: tiros en el poste, buenas atajadas, un penal inatajable, un buen arbitraje y dos equipos que no cuidaron sus piernas. Bien por La 12 porque decidió no ir y La Ultra, por secundar la idea.

Sobre todo, bien por el costarricense: donó, ayudó, aprendió sobre la enfermedad y valoró la lucha de Erick y de sus hermanos Hazel y Miguel; de su novia, María del Mar; de su hijo, Mariano; y de sus padres. En esta brega, van muchos, Jafet Soto incluido, a quien no le gusta hablar del asunto.

Bien por las directivas de los dos clubes más laureados del país. No es la primera vez que muestran buenas relaciones e impulsan una acción solidaria, que esperamos tampoco sea la última apoyada por el costarricense. Hoy, fue por Erick. Mañana, será por otro.

El autor es periodista.