Fernando Morales Martínez. 2 septiembre

De acuerdo con Aristóteles, “el cuerpo es el instrumento del alma. Un hombre sano no es aquel cuyo cuerpo sonríe, sino aquel cuya alma llena de confianza y alegría se sobrepone y es superior a la adversidad de la enfermedad”.

La vejez llega acompañada de una serie de desafíos y dificultades: cambios como la vulnerabilidad a enfermar; cambios psicológicos y experiencias vitales, como la sensación de una muerte cercana.

La riqueza espiritual está asociada a una mejor salud y calidad de vida, y a menor propensión a la desesperación o a la idea del suicidio, incluso en pacientes en condiciones terminales.

En la vivencia de los acontecimientos derivados de dicha transformación, las personas hacen uso de su experiencia o de sus propios conocimientos acumulados y visión de mundo, así como de sus habilidades, entre otros aspectos, considerados recursos personales construidos a lo largo de la vida, los cuales se constituyen en las estrategias fundamentales que le facilitan a la persona hacer frente a la transición. La espiritualidad es uno de estos significativos recursos personales.

Muchas investigaciones han demostrado que las personas mayores con una férrea espiritualidad disponen de mecanismos más eficaces para afrontar los problemas.

También son más capaces de recuperarse de los padecimientos agudos y, en consecuencia, corren menos riesgos de caer en estados de ansiedad y depresión. De lo anterior se infiere, entonces, una gran verdad: la espiritualidad es fuente de fortaleza que facilita y promueve superar las enfermedades.

Muro de contención. Se ha determinado que la riqueza espiritual está asociada a una mejor salud y calidad de vida, y a menor propensión a la desesperación o a la idea del suicidio, incluso en pacientes en condiciones terminales.

Cuando se analiza la realidad integral de los adultos mayores, no queda ninguna duda de que la espiritualidad ocupa un lugar prioritario en la vida y bienestar de la mayoría de ellos.

Las experiencias que a lo largo de mis años de estudios en diferentes países y culturas he conseguido atesorar me han permitido comprobar, fehacientemente, el gran significado y la decisiva influencia que ejerce el apoyo espiritual en el bienestar de los seres humanos en la fase otoñal de la existencia.

Este acompañamiento reviste particular importancia cuando se sufre una enfermedad o discapacidad, sobre todo cuando se identifica la existencia de soledad, marginación y discriminación que experimenta un amplio sector de la población adulta mayor.

Científicamente probado. En las investigaciones llevadas a cabo con personas centenarias en diferentes partes del mundo, la espiritualidad ha quedado bien documentada y señalada como uno de los componentes sustanciales con efectos positivos para el proceso de vida.

Por ejemplo, en Loma Linda, California, con la Iglesia Adventista del Séptimo Día, y en la península de Nicoya, con la religión católica y su extraordinaria influencia en la mayoría de los centenarios de la región, quienes se guían por los preceptos cristianos que les sirven, a la vez, de cartas de navegación indispensables para la conducción, serenidad y el bienestar general en sus vidas cotidianas.

Durante mis años de trabajo en el Hospital Nacional de Geriatría y Gerontología, observé con especial cuidado la calidad de atención brindada a los pacientes adultos mayores por la capellanía. Los asistían a toda hora y atendían el llamado de familias y personas cercanas a los pacientes, quienes solicitaban acompañamiento y soporte espiritual en momentos de gran necesidad.

El capellán de este centro hospitalario ha realizado durante años una labor encomiable e invaluable brindando apoyo espiritual en la enfermedad y en la soledad que viven, en muchas ocasiones, los pacientes adultos mayores y sus familiares.

Servicio óptimo. Además de la excelente atención médica de los geriatras, y en general del personal de salud, quienes se esfuerzan en dar un servicio óptimo desde la perspectiva integral y de calidad, el cuidado se complementa con el apoyo espiritual oportuno y personal.

Es necesario recordar los sabios consejos de su santidad el papa san Juan Pablo II: “La vida de los adultos mayores ayuda a clarificar la escala de los valores humanos. Hace ver la continuidad de las generaciones y demuestra maravillosamente la interdependencia de la humanidad”.

El autor es geriatra y gerontólogo.