Luis Gerardo Barboza Granados. 17 agosto

De entrada, sin brindar una gran introducción, le lanzo la pregunta: ¿Se ha perdido en Costa Rica la capacidad de discusión? Tómese unos minutos para meditar la respuesta y siga leyendo.

Si afirmo “el gobierno oculta datos acerca de la pandemia”. ¿Qué pensamientos se formaron en su mente? ¿Lo aceptó? ¿Está en desacuerdo? ¿Desacreditó mi posición?

Probemos lo contrario. A la afirmación “el tren urbano es necesario y el gobierno debe hacer todo para construirlo”, ¿qué pasó por su cabeza?

Ambas expresiones, una a favor del gobierno y otra en contra, no son necesariamente contradictorias ni excluyentes, mas suelen ser polarizantes. Claramente, usted, como lector, tiene su propia opinión y estará a favor o en desacuerdo, según su criterio, y debemos respetarlo.

Ciertamente tenemos derecho a pensar lo que queramos y a expresarlo en los medios que nos parezcan mejores; sin embargo, me interesa, más que la posición, conocer el cómo se presentan las posiciones en ciertas plataformas tecnológicas.

Las redes sociales. Aunque no efectué un análisis formal, percibo ciertas conductas en las redes sociales lo suficientemente reiteradas como para aventurar conclusiones. Sucede con todo tipo de temas, aunque los referentes al gobierno parecen ser los preferidos para que se dé este fenómeno.

Cuando una persona da a conocer su opinión, suele ser apabullada no solo por las reacciones —las de enojo o risa son bastantes comunes—, sino también por las respuestas y comentarios contrarios.

Si se trata de una posición divergente de la oficial, los comentarios suelen estar en la línea del rechazo por falta de fundamentos y florecen términos cuestionando la capacidad mental del comentarista original (el portmanteau “conspiranoico” es un favorito en las últimas semanas).

Si, por el contrario, los comentarios están a favor de la posición gubernamental, serán rebatidos y atacados haciendo referencia a cierto animalito mamífero de la familia Phocidae, utilizado en algunas funciones circenses.

¿Qué tienen en común ambas posiciones? Que suelen atacar a las personas que realizan el comentario y sus convicciones, pensamientos y filiaciones, sin entrar en una discusión profunda sobre el tema. Se deja de lado el qué para centrarse en el quién. Se olvida el concepto original para desacreditar las posiciones sin utilizar argumentos.

Toda persona tiene acceso a Internet y a la libertad de expresión que conlleva; sin embargo, suele olvidar la parte de los deberes. Parece, pues, que la comprensión del artículo 29 de nuestra Constitución Política depende de la famosísima ley del embudo, anunciada por Aquileo. Deseo hacer énfasis, por tanto, en un aspecto que, para mí, está por encima de todo: la moral.

Valores. Tenemos derecho a la expresión; no obstante, me preocupa que cierta parte de los internautas hayan olvidado las enseñanzas escolares con respecto a las reglas de cortesía que deben mediar en toda comunicación.

Es desconcertante como, escudados tras el anonimato o cuando menos tras la dificultad para ser rastreado, cierto porcentaje de usuarios utiliza su capacidad de comunicarse para ofender, burlarse, crear conflictos que no solo se alejan del punto en discusión, sino que a todas luces representan un desmejoramiento de la calidad del ser humano y delatan un olvido de las enseñanzas de cortesía recibidas en el hogar y la escuela.

Internet multiplicó hasta el infinito las posibilidades de comunicarnos y transmite y guarda para la posteridad nuestros pensamientos, opiniones y creencias. Empero, pese a la libertad que brinda, puede caerse en la anarquía; las secciones de comentarios en Facebook y Twitter son tierra de nadie, donde las reglas de urbanidad son olvidadas, relegadas, destruidas.

No abogo por la censura, sino por que los usuarios hagamos conciencia de que cuanto escribimos en comentarios tiene trascendencia, especialmente para nosotros mismos. Pensemos en la educación recibida tanto en la escuela como en la familia; pensemos en nuestros hijos, conocidos y compañeros, quienes verán, a través de nuestros comentarios, parte de nuestra verdadera esencia.

Insulto fácil. La discusión en Costa Rica no ha muerto, pero en las redes sociales se encuentra en grave peligro. Debatir, presentar posiciones divergentes, argumentar, razonar, inferir… todas estas acciones son opacadas por el insulto fácil, la burla mordaz, los lugares comunes.

Mantener una discusión coherente es una tarea casi perdida desde el inicio, pues todos quieren ser emisores y pocos cumplen su labor de receptores conscientes, responsables de valorar los puntos de vista y sopesarlos antes de rebatirlos.

Como filólogo, guardo la esperanza de que en las interacciones en Internet mantengamos las enseñanzas recibidas con respecto a la escritura. Como educador, mantengo la convicción de que todos hemos recibido en nuestro país una exquisita oportunidad para ser formados y debemos demostrarlo en todo momento. Como humano, tengo la esperanza de que podemos ser mejores. Siempre podemos ser mejores. Comencemos hoy la discusión sin insultos.

El autor es filólogo.