Ernesto Guzmán Campos. 26 abril

El Colegio de San Luis Gonzaga ha sido un remanso de suprema academia y convivencia pacífica. Lo ocurrido hará pocos días nos ha dejado exaltados.

Ahora bien, es preciso revisar algunas posibles tendencias, por las cuales devino un hecho preocupante en nuestras aulas.

a) Nuestros adolescentes de hoy pasan un tiempo muy prolongado en sus habitaciones, dentro de las cuales a veces se encuentra su estancia de estudio. No obstante, el padre y la madre de familia, o bien, el encargado legal, no saben si el alumno se encuentra cumpliendo con sus responsabilidades o en un largo periodo de ocio.

b) El padre, madre o encargado legal cuentan con una apretada agenda. Dadas sus ocupaciones laborales, salen muy temprano de la casa y regresan muy de noche, cuando el hijo está durmiendo.

c) Los valores supremos, que acrecentaron las virtudes de nuestra ciudadanía costarricense, han dejado de enriquecerse; así, adolescentes de secundaria no poseen buenos modales, en algunas ocasiones, no saludan, a veces ni hablan, pues sufren de un severo mutismo; no sostienen una conversación por culpa del celular; parece ser que emplean más el lenguaje averbal (gestos y ademanes) que el fantástico concepto, derivado del vocablo, pensado y pronunciado.

d) El compadrazgo de conductas equivocadas y desligadas de urbanidad, debido a que así se es “más aceptado socialmente por los coetáneos”, es la nota diaria.

e) La obsesión por los videojuegos, sobre todo, de temática violenta, como modo de vida los coloca en riesgo de portar armas.

f) La galopante incomunicación con el entorno, lo cual fuerza al adolescente ensimismado a actuar con violencia y desatino.

g) La renuncia, desde muy joven, a la excelencia, en términos de orden —el actuar satisfactoriamente y en beneficio del prójimo—, de la limpieza —el abandono de los malos hábitos— y de disciplina —perseverancia cotidiana—.

En definitiva, es posible la existencia de más indicadores de las razones de un comportamiento inapropiado de algunos jóvenes de secundaria. Por lo pronto, en el Colegio de San Luis Gonzaga se optará por el acompañamiento profesional a todos los alumnos: “Con amor, pero con rigor”, reza el adagio popular.

Que mi colegio sea inspiración para otras instituciones: no hay persona estudiante desenfocada; antes bien, hay un consumismo ominoso, que debe ser filtrado por nosotros, la población adulta, bien formada, con abnegación y virtuosismo.

El autor es docente en el Colegio de San Luis Gonzaga.