René Jiménez Fallas. 31 julio

La naturaleza respondió con dureza, por medio del virus SARS-CoV-2, a la actuación del animal político, que a veces no se da cuenta de lo que hace o no le importan las consecuencias.

Un principio elemental de la física dice que para toda acción hay una reacción, lo cual es válido en el ámbito de las ciencias naturales, cuyas leyes son independientes de la política, los intereses y deseos del ser humano.

La ciencia pronto descubrirá el medicamento y la vacuna para controlar la pandemia. Es cuestión de tiempo y de cuidarnos.

Pero en cuanto al aspecto económico del país, la cuestión es más difícil: estábamos muy mal parados en lo fiscal y ahora estamos peor.

Para evitar la caída al abismo económico, el gobierno —con su desastroso estado de las finanzas— no debe endeudarse más sin antes tomar fuertes decisiones políticas y económicas.

No es cuestión de pedir prestado y mantener el aparato estatal enorme, ineficiente y muy caro, que no toma en cuenta nuestro ingreso per cápita de país tercermundista (en vías de desarrollo, para quienes sienten su cercanía con el primer mundo) al pagar altos salarios, privilegios y beneficios que resultan insostenibles para el fisco.

No obstante, si el gobierno propone un plan racional, sin sesgos de ningún tipo, y cuyo único objetivo sea el bienestar del país, los diputados y la administración Alvarado deben trabajar juntos en esa ruta: sin intereses partidistas, ideológicos o mezquinos, es decir, desde una perspectiva seria, mediante el uso de los parámetros científicos y técnicos correspondientes.

El problema, entonces, ya no sería tan difícil. ¿Qué impide a los políticos seguir este camino en vez del usual trillo de la politiquería?

Rediseño radical. La ingeniería no es el mantenimiento de algún edificio, carretera, puente, maquinaria, instalación mecánica o eléctrica.

No; es el diseño, el cálculo estructural, mecánico, eléctrico, etc. de una edificación, maquinaria e instalaciones electromecánicas, utilizando para ello lo que corresponda de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y la matemática.

Una considerable parte de nuestro aparato estatal debe ser sometida a reingeniería —no a la reparación y pintura— , sino al rediseño: cambio y eliminación de estructuras dañadas, podridas y obsoletas, y otras que más bien estorban y encarecen el funcionamiento de la edificación estatal. Además, debe legislarse para impedir la fácil creación de más entes que agranden el aparato estatal, aumenten los gastos o lo hagan ineficiente.

En este sentido la reingeniería, más que metáfora, es el uso riguroso de su concepto esencial para efectuar los cambios y las mejoras inherentes a la sostenibilidad de nuestro Estado.

Conciencia. El servidor público no debe tener privilegios, ventajas ni beneficios que no tenga el empleado del sector productivo, conforme a los artículos 33 y 57 de la Constitución.

El paradigma actual del empleo público parece tener raíces o motivaciones de estirpe, de nobleza, aunque tal vez solo intenta seguir su más cercana tradición ancestral, la de repartir la chicha y sus beneficios discrecionales.

El nuevo modelo de empleo público no debe contener ningún tipo de motivaciones que causen desigualdades con el resto de los trabajadores del país.

Las normas de desempeño laboral, eficiencia, remuneraciones, crecimiento, despidos, etc., deben ser iguales para todos los trabajadores.

Aunque suene extraño, los partidos políticos deben atraer ciudadanos con formación en ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas (STEM, por sus siglas en inglés) para que participen en la política.

Personal con esas credenciales ayudaría a enriquecer nuestra clase política proveyéndola de una visión renovada, más racional y con criterios sustentados en el estudio y la práctica del análisis serio, riguroso e independiente de ideologías, creencias y fanatismo.

Dos buenos ejemplos de personas con formación profesional en química, reconocidas a escala mundial por su liderazgo, éxito en el desarrollo y beneficios para sus respectivos países durante su gestión de gobierno, son Margaret Thatcher y Angela Merkel.

El animal político de Aristóteles no parece estar identificado con el avance científico y tecnológico, está en su zona de confort. Quizás por eso no hay contacto con los extraterrestres, ellos nos observan aún como animales sin conciencia, egocéntricos y muy peligrosos, como gusanos, diría el astrofísico Neil deGrasse Tyson.

El autor es ingeniero.