Alexander Sánchez Sánchez. 2 agosto

La agricultura ha sido históricamente una de las actividades productivas que más han contribuido al desarrollo de Costa Rica, especialmente, en las zonas rurales, donde representa una de las grandes fuentes de empleo para la población.

A pesar de haber disminuido su participación en el producto interno bruto, nuestro sector agrícola sigue siendo uno de los que cuentan con mayor capacidad de encadenamiento, por lo cual fortalecerlo es fundamental para la dinámica económica nacional.

Es fundamental generar una mayor capacidad empresarial en el agricultor, fomentar el acceso a la información para que este pueda tomar mejores decisiones tanto productivas como comerciales, hacer más eficiente el funcionamiento de las agrocadenas y fortalecer la organización sectorial.

El cultivo de la tierra enfrenta hoy altos niveles de riesgo. Factores como la poca competitividad de algunos cultivos, generada por altos costos y la baja productividad; el escaso desarrollo de una agroindustria nacional de alto valor agregado; y la ineficiencia en el funcionamiento de las agrocadenas, son elementos que atentan contra el desarrollo.

Falta mente empresarial. Sumado a lo anterior, cabe destacar que el sector agrícola se caracteriza por la gran cantidad de pequeños productores que lo componen, quienes cuentan con poco acceso a la información o mal manejo de ella. El escaso grado de organización y falta de visión empresarial también operan en su contra.

Una cantidad significativa de productores carecen de capacidad para enfrentarse al proceso de comercialización, viéndose con ello obligados a vivir con bajos ingresos por la venta de su producto.

Generalmente, dentro del proceso comercial, la participación se ha limitado a vender la cosecha en finca, fenómeno que se debe principalmente al alto costo de oportunidad que representa alistar el producto, trasladarlo a los mercados y venderlo directamente al consumidor final.

Esa deficiencia ha hecho que durante años la comercialización agrícola haya sido llevada a cabo por intermediarios; no obstante, aunque estos agentes cumplen una función fundamental para el sistema de venta, su excesiva participación genera que el funcionamiento de los mercados sea ineficiente y eso propicia que algunos productos paguen márgenes de intermediación mayores al 200 %.

Lo que más inquieta de la realidad agrícola es que, a pesar de que el mismo productor es consciente de que las condiciones en que comercializa en la finca no siempre son las mejores para él, parece no encontrar la manera de romper con ese modelo.

Mercado deficiente. Para mejorar la competitividad de nuestro sector agrícola se requiere una participación mucho más activa y articulación de las autoridades correspondientes, mediante el fomento de una mejor planificación productiva, así como también que los mercados funcionen de manera más eficiente.

Es fundamental generar una mayor capacidad empresarial en el agricultor, fomentar el acceso a la información para que este pueda tomar mejores decisiones tanto productivas como comerciales, hacer más eficiente el funcionamiento de las agrocadenas y fortalecer la organización sectorial.

De ese modo, progresará su capacidad para negociar, su entrada a los mercados y, consecuentemente, su competitividad.

Costa Rica pasa por una coyuntura compleja en la cual existe la necesidad urgente de reactivar la economía, apoyar al productor y, con ello, fortalecer el sector agrícola constituye una oportunidad para generar no solo crecimiento económico, sino también desarrollo en las zonas rurales.

El autor es economista y administrador de empresas.