Luis F. Arias Acuña. 5 julio

La descentralización de la educación superior ha sido una utopía y un engaño para las zonas regionales y rurales del país, pues en su larga existencia, de 52 años, ha habido un remedo de regionalización.

Como publicó el periódico La Nación (5/7/20), el presupuesto destinado a las sedes regionales de la Universidad de Costa Rica no llega al 10 %. El monto para inversión debe ser aún más bajo, probablemente andará en el rango del 1 %.

Los costarricenses vemos con preocupación el crecimiento de la sede Rodrigo Facio, en cuanto a infraestructura, porque el exrector Henning Jensen Pennington se dio cuatro gustos construyendo edificios, la Facultad de Ciencias Sociales, entre otros muchos, tan afectada por los estudiantes en huelga a finales del año pasado.

Todo con recursos de los contribuyentes, fuera de su presupuesto ordinario, con una capacidad instalada ociosa y serias dudas acerca de su oferta de servicios en cuanto a calidad y cantidad.

Migajas. Carlos Monge, líder de la regionalización, y muchos otros universitarios sostenemos la idea de que la regionalización debe partir de la desconcentración de la sede Rodrigo Facio, no como históricamente ha ocurrido, que todo se centraliza en ella y las migajas se las dan a las mal llamadas sedes.

Para muestra, un ejemplo: Guillermo Iglesias Pacheco, entonces decano de Agronomía, fue ministro de Agricultura y Ganadería y luego miembro del Consejo Universitario.

Él propuso en 1976 que un bachillerato en Agronomía en Producción fuera una carrera en tres centros de tradición agrícola: el Atlántico (Guápiles), el Valle Central (Tacares) y el Pacífico (Santa Cruz).

En San José, iba a quedar el posgrado. Como esa, hubo muchas posibilidades de desconcentración de la educación superior.

Desaciertos. En cuanto a institutos y centros de investigación, la situación es alarmante. Centros de investigación en ciencias agronómicas, en ciencias del mar y en salud, por mencionar unos cuantos, están ubicados en San José.

¡Los botes del Centro de Investigaciones Marinas (Cimar) fondean en la Ciudad de la Investigación, no en los muelles de Puntarenas o Limón como sería lógico!

¿Por qué no hacer de la regionalización como en otros países, donde las sedes son desarrollos universitarios equilibrados y especializados en las características de cada región?

Carreras técnicas. Otro aspecto más no considerado por los diputados. En las universidades se ha cometido el error de crear expectativas en nuestros estudiantes sobre la obtención de grados y posgrados.

Una función esencial de la educación superior es la formación de técnicos en la totalidad de las ramas del saber.

El agro, la industria y las empresas mercantiles están urgidas de mano de obra calificada y menos onerosa que la gente graduada con flamantes títulos universitarios, los cuales, a la larga, son subutilizados y quienes los ostentan terminan profesionalmente frustrados.

El país demanda muchas carreras técnicas y únicamente las universidades están en capacidad de ofrecerlas, pero no lo hacen.

En 1975 el Consejo Universitario aprobó los diplomados y la universidad no ha hecho uso de esa figura técnico-profesional en estos 45 años.

La política no está en forzar a las universidades a un gasto regional, sino a una desconcentración de sus funciones.

Que de la eliminación de los exorbitantes salarios y otros numerosos gastos salgan los estímulos para que las actividades sean generadas fuera del área metropolitana.

¿Saben ustedes, diputados, que las universidades nunca han realizado un verdadero desarrollo fundamentado en la planificación institucional? ¡Por ahí debería empezar la disposición obligatoria de, en concordancia con otros órganos de planeación del Estado, sacar de San José tanta actividad que debería estar distribuida regionalmente!

El autor es exdirector de las sedes regionales de Occidente y del Atlántico.