María del Carmen Rojas Rojas. 29 septiembre, 2019

Si hay un lugar donde se ponen a prueba la paciencia, la tolerancia y la educación de las personas, es en los servicios de Emergencia de los hospitales de la Caja Costarricense de Seguro Social.

Usted sabe cuándo entra, pero no sabe cuándo saldrá. Enhorabuena si por su estado le toca una camilla, si no, a planchar sus sentaderas durante largas horas o, incluso, durante días en una silla de ruedas o en una silla de las que hay en el lugar para permanecer mientras le pasan un suero o espera resultados de exámenes o que lo vuelvan a examinar.

No se le ocurra refunfuñar o protestar por la lentitud en el proceso porque, seguramente, médicos o enfermeras le harán gestos con la mirada. La atención se retrasa sobre todo en la noche, cuando el servicio se satura por el ingreso de pacientes graves.

Así, las personas con padecimientos calificados de no urgentes, y que tal vez llevan horas y horas esperando, deben aguardar más, hasta que quienes están en riesgo mayor sean atendidos.

El procedimiento lo entendemos en la teoría, mas no en la práctica. Las personas referidas a Emergencias sufren padecimientos fortuitos, como accidentes, quebraduras, infartos, quemaduras, etc. La preocupación, el estrés, el temor y el dolor se reflejan en sus rostros.

La carga emocional que soportan ya es suficiente como para tener que lidiar también con una cantidad considerable de situaciones propias del servicio, lo cual pone los nervios de punta.

Sin duda, nuestros servicios de salud muestran altos estándares de calidad en comparación con otros países de la región; sin embargo, nos falta mucho por mejorar. Hay que hallar la forma de humanizar la atención y de reducir los tiempos de espera en estas áreas. Los pacientes lo merecen y pagan por ello.

Esta reflexión es fruto de la experiencia que me ha tocado vivir mientras acompaño a personas adultas mayores del Hogar de Coronado.

Un caso reciente es el de un hombre de 84 años, con demencia, que ingresó a Emergencias del hospital Calderón Guardia, el 19 de setiembre, por una fractura en la cadera.

Esperó durante cuatro días que le hicieran un TAC; al final, los médicos lo enviaron de regreso al hogar porque, según la tomografía, no necesitaba ser operado.

La autora es periodista.