Felipe Volio Soley. 22 marzo

Estaba en China en enero cuando estalló la epidemia del coronavirus. Me quedaban muy pocos días para terminar una pasantía en Hong Kong.

Después de consultar con mi jefe y mi familia, decidí regresar a casa. El riesgo de quedarme allá era demasiado alto.

Al regresar, aunque las autoridades no me giraron una orden sanitaria, me autoimpuse una cuarentena de no salir a lugares públicos ni visitar a mis abuelos o a personas enfermas que quiero y no veía desde hacía meses.

Si alguien cercano contrae la covid-19, en vez de hablar al respecto, pongámonos en sus zapatos y analicemos cómo nos gustaría que reaccionaran los demás si fuéramos nosotros.

Físicamente, me sentía muy bien y había tomado las precauciones desde el inicio, pero debía ser cuidadoso: podía ser transmisor de la enfermedad aunque estuviera asintomático. Y, sabiendo esto, ¡cómo iba a exponer a mis abuelos al contagio si para ellos iba a ser muy grave!

Ahora, sabemos que el peligro de contraer el virus y contagiar a nuestros seres queridos es cada día mayor. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), aunque tardó tres meses en alcanzar los primeros 100.000 casos, solo le tomó 12 días enfermar a otros 100.000 a escala mundial. Quedan muy pocos países libres de la neumonía por coronavirus.

En Costa Rica, a pesar de poseer poca población, registra tres dígitos de casos confirmados, y han muerto dos costarricenses. El problema es en serio.

Cuidado personal y colectivo. Lo bueno es que depende de nosotros contener la propagación del virus. Para nosotros, los jóvenes en especial, salvar vidas nunca había sido tan fácil.

Quedarnos en casa, no salir y lavarnos las manos es lo que tenemos que hacer para mejorar la situación. Sin embargo, en las redes sociales, vemos que todavía algunas personas no atienden. Piensan en ellas, en que no van a enfermar, y si se contagiaran creen que es un virus común. Al final, si algo les pasara, culparán al gobierno.

Los memes quizás alivian nuestra percepción de las cosas y nos hacen creer que el asunto no es tan grave. Es cierto que el sentido del humor es un mecanismo humano muy valioso. Pero es imperativo despertar y darnos cuenta de que esto es en serio.

No somos inmunes, no hay vacuna, y nuestras acciones podrían cobrar la vida de nuestros seres más queridos. ¿Qué estamos esperando para reaccionar como se debe?

Empatía. En estos tiempos tan difíciles, en vez de pensar solo en nosotros, hagamos el esfuerzo de poner nuestro pensamiento en los demás. Si tenemos buena salud, en lugar de analizar cómo nos afectaría personalmente el virus si lo llegáramos a contraer, reflexionemos en quienes pertenecen al grupo de los más vulnerables y qué podemos hacer para evitarles el perjuicio.

Si alguien cercano contrae la covid-19, en vez de hablar al respecto, pongámonos en sus zapatos y analicemos cómo nos gustaría que reaccionaran los demás si fuéramos nosotros.

Respetemos a las autoridades sanitarias y obedezcamos. Informémonos con fuentes confiables (como la página de la OMS) y no compartamos noticias falsas o alarmantes. Pensemos, más bien, en cómo apoyar a los negocios afectados. Seamos conscientes y agradecidos con nuestro personal de salud. El esfuerzo es colectivo y pone a prueba nuestra cultura solidaria costarricense y humana.

El autor es abogado.