Ingo Niehaus Siebe. 20 septiembre

En estos días, cuando los incendios forestales en la Amazonia han despertado la preocupación de buena parte de la humanidad, el periódico La Nación publicó el 6 de setiembre una imagen reveladora: no solo alrededor el Amazonas, sino también el territorio entre México y Panamá ha sido víctima este año de incendios forestales: ni más ni menos que 18.000.

Si uno se fija bien en la triste imagen, tomada por la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio de Estados Unidos (NASA, por sus siglas en inglés), hay algo inspirador de confianza, lo cual confirma que la humanidad está en condiciones de limitar y reducir los incendios forestales, en especial, aquellos causados por seres humanos, es decir, campesinos, ganaderos y empresas agrícolas y ganaderas empeñadas en abrir más campo para sus actividades.

Contrario a las afirmaciones del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, los políticos, como José Figueres Ferrer, y las instituciones privadas y estatales sí pueden cooperar activamente, y con éxito, en la limitación de los incendios forestales.

Si uno observa la imagen de la NASA con cuidado, advierte que en la zona correspondiente a Costa Rica, el número de incendios es mucho, pero mucho menor que los reportados en el resto de América Central, Panamá y México.

Este hecho nos devuelve la confianza en la posibilidad de limitar la frecuencia y extensión de este tipo de siniestros, y Costa Rica es un buen ejemplo de ello.

Revolución verde. Allá por 1970, tuvimos un presidente que valoraba seriamente los bosques: José Figueres Ferrer.

Recuerdo que antes de llegar nuevamente a la presidencia, don Pepe escribió y publicó un pequeño librito, Ciprés con sal, cuyo objetivo era motivar a los costarricenses a sembrar cipreses y así ayudar en la reforestación del país.

Luego, tras ocupar la presidencia y con el establecimiento del Parque Nacional Cahuita, en setiembre de 1970, comenzó el proceso de creación de parques nacionales que de manera tan positiva distinguen, y protegen, nuestro país.

Pero, además, como señaló el actual ministro de Ambiente y Energía, Carlos Manuel Rodríguez, buena parte del fuego presentado este año en Sur y Centroamérica no fue producido por fenómenos naturales, sino por obra humana, pues las llamas se usan como herramienta para deforestar y así ampliar los territorios para la agricultura y la ganadería.

Cuando esos incendios escapan del control humano —cosa que sucede particularmente en épocas de sequía— , terminan destruyendo miles y miles de hectáreas de bosques.

Lo peor del caso es que, por no haber analizado científicamente las condiciones de los suelos, la actividad agrícola o ganadera resulta allí, frecuentemente, muy poco productiva, mucho menos productiva que cuando estaban poblados por bosques.

Pago por cuidar la floresta. Previendo esta situación, en nuestro país se creó el Programa de Servicios Ambientales, mediante el cual el Estado paga a los dueños de bosques privados por la absorción de carbono de los árboles.

El pago es, en muchísimos casos, bastante más atractivo que tener ganado, y este hecho ha contribuido de manera significativa a que el sector privado coopere en la conservación de bosques.

A estos dos asuntos debe agregarse que desde 1997 existen en Costa Rica las llamadas Estrategias Nacionales de Manejo del Fuego y, si bien el ministro Rodríguez confirma que a ese respecto “aún queda mucho trabajo por hacer”, la institución ha aprobado protocolos de coordinación, planes y acciones para el manejo de incendios.

Vemos así que, contrario a las afirmaciones del presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, los políticos, como José Figueres Ferrer, y las instituciones privadas y estatales sí pueden cooperar activamente, y con éxito, en la limitación de los incendios forestales para bien de la biodiversidad del planeta y en beneficio de las futuras generaciones.

Así lo confirma la condición especial que refleja Costa Rica en la imagen de la NASA con el registro de los incendios forestales observados en la temporada seca 2018-2019 sobre el territorio de México y Centroamérica.

El autor es cineasta y periodista.