Rigoberto Vega Alvarado. 4 noviembre, 2019

En el artículo de opinión titulado “¡Restáurense ustedes!”, escrito por el pianista y escritor Jacques Sagot y publicado por La Nación el sábado 2 de noviembre, se alude a todo el movimiento evangélico, a nosotros de la Alianza Evangélica Costarricense, que representamos el 85 % de quienes profesamos esta fe en el país.

El autor comienza diciendo que “hay una arrogancia y petulancia inherentes al hecho de pretender ‘restaurar’ a la gente”.

Jacques Sagot no define lo que él entiende por fanatismo. Una buena definición sería que es una convicción profunda no acompañada por una autocrítica.

Nuestra convicción, compartida por nuestros hermanos católicos, es que ningún hombre puede restaurar a otro; es el Señor Jesús resucitado y su Espíritu Santo que lo hacen.

A nosotros, nos corresponde testificar sobre la restauración inmerecida que el Señor efectúa en nuestras vidas y las de otros.

Jesús advirtió a sus discípulos en Juan 15:5: “Sin mí, no pueden ustedes hacer nada” y el apóstol Pedro dijo a sus paisanos: “¿Por qué nos miran como si nosotros mismos hubiéramos sanado a este hombre y lo hubiéramos hecho andar por medio de algún poder nuestro o por nuestra piedad? (...) Lo que ha hecho cobrar fuerzas a este hombre que ustedes ven y conocen es la fe en el nombre de Jesús. Esa fe en Jesús es la que lo ha hecho sanar completamente, como todos ustedes pueden ver” (Hechos 3:12 y 16).

Movimiento independiente. El autor se queja porque el año pasado 823.000 votaron a favor de una “manga de fanáticos” y añade: “La injerencia evangélica en nuestra política es un hecho nefasto, que sirve a los intereses económicos de grupos de poder estadounidenses aliados a sectas de fanáticos religiosos inmensamente acaudaladas”.

Es cierto, al principio, hubo una dependencia de agencias misioneras en los Estados Unidos, pero esa dependencia desapareció hace años. El movimiento evangélico costarricense es completamente independiente. Recientemente, los evangélicos nos hemos sentido suficientemente fortalecidos para asumir nuestra responsabilidad política.

Nos falta experiencia en este campo, y sin duda hemos cometido errores, pero la solución es una crítica constructiva, no una negación de nuestros derechos democráticos.

Entonces, el autor afirma “que el único fanatismo aceptable en el mundo es el fanatismo contra los fanatismos”. El problema es que Jacques Sagot no define lo que él entiende por fanatismo.

Una buena definición sería que es una convicción profunda no acompañada por una autocrítica.

El autor termina hablando de la tolerancia, pero no se pregunta si su ataque al movimiento evangélico no sería una muestra de intolerancia. La tolerancia comienza por un sincero esfuerzo por entender el pensamiento y la motivación del otro.

Es tan fácil partir de una caricatura del supuesto oponente. Por esto es necesario un diálogo humilde y respetuoso.

El autor es presidente de la Federación Alianza Evangélica Costarricense.