Adriana Núñez Artiles. 22 septiembre

En el camino de la vida, prácticamente todos cometemos errores al subestimar, sobrestimar o, en el peor de los casos, ignorar acontecimientos en los cuales otros seres humanos han sido protagonistas. Lamentablemente, no estamos exentos de debilidades humanas. Pero de ahí a tergiversar los hechos y apropiarnos de ideas y planteamientos ajenos, hay un mundo de distancia.

De niña me enseñaron que “honrar, honra” y por ello no puedo menos que aclarar a las nuevas generaciones algunos aspectos de la historia del Colegio de Periodistas (Colper), que con absurda mezquindad ciertos personajes, ávidos de homenajes y reconocimientos, han querido dejar en el olvido, cometiendo así una injusticia histórica contra figuras que desempeñaron un papel fundamental en el fortalecimiento de la prensa y de sus instituciones en Costa Rica. Actuando así, demeritan sus propios atributos.

Gracias a su legado, tenemos la garantía de que en sus filas encontramos hoy personas profesionales en periodismo y en otras disciplinas sociales, como diseñadores gráficos, productores, publicistas y relacionistas públicos.

A mediados de los años sesenta, un trabajador de La Prensa Libre, a quien los dueños de la empresa no querían pagarle su liquidación por retiro, interpuso una denuncia ante la Asociación de Prensa, presidida por Ricardo Castro Beeche, director de La Nación. Las reuniones se efectuaban los jueves en la biblioteca de La Nación y allí recibieron al recurrente. Tras escucharlo, decidieron acuerpar su reclamo.

La junta directiva de la Asociación exigió y asistió a una cita en La Prensa Libre, en apoyo del demandante, quien por varias décadas había ejercido allí el oficio de periodista. En presencia del afectado, de otros periodistas y del director del medio, Andrés Borrasé Sanou, tras varias explicaciones y alegatos, la Asociación de Prensa consiguió que la empresa le pagara lo adeudado al trabajador.

Entre los argumentos esgrimidos por el medio para evadir la indemnización, estaba que en el país no había legislación sobre el quehacer periodístico y, por tanto, tampoco los derechos económicos por jubilación estaban claros.

Acuerdo para crear escuela de periodismo. Fueron esos hechos, y las posteriores reflexiones de los directivos de la citada Asociación, los que dieron paso a que, poco después, en una reunión sostenida por esa junta directiva, en la que Ricardo Castro Beeche era el presidente; Andrés Aguiar, el vicepresidente; Joaquín Vargas Gené, el secretario; William Barrantes, el tesorero; y Wilfredo Chacón, Edgar Saborío M. y Orlando Núñez Pérez, los vocales, se acordó dar forma e impulsar un plan de acción para crear una escuela de periodismo, no solo con la intención de apuntalar los conocimientos de quienes se ganaban la vida recabando y elaborando noticias, sino para, posteriormente, fundar el colegio profesional, con el fin de velar tanto por los derechos de los periodistas como por el de la ciudadanía a recibir información certera y veraz.

Según ha narrado reiteradamente mi progenitor, Orlando Núñez, quien en esa época era jefe de Redacción de La República y formó parte de la última directiva de la Asociación de Prensa en el puesto de vocal, la primera encomienda para iniciar gestiones ante las autoridades universitarias, y con el propósito de dar forma a un proyecto de ley para la fundación del colegio profesional, se confió al abogado Joaquín Vargas Gené.

Con la colaboración de otras personas afines al oficio, en marzo de 1968 se fundó la Escuela de Periodismo de la Universidad de Costa Rica, adonde acudieron en pleno todos quienes formaban parte de la vieja Asociación, para certificar en las aulas su vasta experiencia. En esos años (1967-1970), era rector Carlos Monge Alfaro.

También, era diputado por esa época (de 1966 a 1970), Julio Suñol Leal, periodista, escritor, profesor universitario, diplomático y político, que tuvo un papel determinante en la elaboración e inserción de la propuesta definitiva para dar vida jurídica al colegio; Suñol, posteriormente, se convirtió en el primer presidente del Colper.

Uno de los más sólidos argumentos para lograr la meta quedó en una entrevista publicada en la edición 105 de Primera Plana en la que él mismo señaló: “Mi argumento fue muy simple, es necesario crear un colegio de periodistas para mejorar las condiciones académicas y tener derecho a reclamar ventajas económicas”.

Medio siglo. El 22 de setiembre de 1969 se aprobó la Ley 4420, la cual crea el Colegio y este se activó con la inclusión de las personas que habían pasado ya por la recién estrenada escuela.

Este mes el Colegio de Periodistas alcanza 50 años de existencia. Lastimosamente, no todos los que nombraron en la lista de “miembros fundadores del Colegio” durante una gala para conmemorar el aniversario, realmente lo son.

Otros que debían ser recordados simplemente fueron engavetados. A pesar de ello, y gracias a su legado, tenemos la garantía de que en sus filas encontramos hoy personas profesionales en periodismo y en otras disciplinas sociales, como diseñadores gráficos, productores, publicistas y relacionistas públicos.

Entre todos, son varios miles de graduados universitarios formados bajo preceptos académicos, técnicos, éticos y morales.

La autora fue la primera mujer presidenta del Colegio de Periodistas.