Luis Fernando Bruno G.. 24 septiembre

Costa Rica posee un tesoro histórico olvidado en un rincón del aeropuerto Juan Santamaría. Se trata del avión Curtiss-Wright llamado Espíritu Tico.

La aeronave, fabricada en 1929, tiene una historia impresionante. En 1931 rompió un récord al volar 17 días seguidos sobre San Luis, Misuri.

Otra aeronave, volando sobre ella, proveía alimentos, agua, aceite y combustible. Se le puso una especie de estribo para que uno de los pilotos llegara hasta el motor para ponerle el aceite. Se turnaban para que uno durmiera y el otro volara. Increíble hazaña.

Participó durante décadas en numerosas exhibiciones en los Estados Unidos y obtuvo premios como el mejor avión de su clase que se mantenía en condiciones originales.

En 1981 fue escogido para conmemorar el 40.° aniversario del ataque japonés a Pearl Harbor, y dejó caer más de un millón de pétalos de rosas sobre la Estatua de la Libertad, en Nueva York.

En 1985 fue puesto en exhibición en un museo de aviones antiguos en Rochester, donde permaneció hasta el 2014.

Crédito: Carlos Mazalli
Crédito: Carlos Mazalli

Joya descubierta. Es aquí donde entra en el escenario Carlos Macaya Ortiz, quien se interesó por el avión, modelo exacto al que en 1933 su padre, Román Macaya, usó para la proeza de venir volando desde San Francisco hasta Costa Rica, convirtiéndose en el primer piloto en atravesar Centroamérica.

Nos cuenta el periódico La Nación que a Román Macaya Lahmann ya se le acababa el combustible de su avión Curtiss Robin, una mala noticia cuando se anda por los aires.

La densa nubosidad de aquella mañana, del 5 de octubre de 1933, no lo dejaba ver el Valle Central. En tierra solo lo escuchaban. Debido a la urgencia decidió volar hacia Limón, o por lo menos hacia donde creía que estaba.

El Atlántico sí se hallaba despejado y Macaya debía tomar la decisión de girar hacia la derecha o hacia la izquierda. Si se equivocaba, se vería forzado a aterrizar.

Con menos combustible, distinguió a un hombre cortando leña en la playa que, asombrado, veía esa extraña máquina voladora, un espectáculo insólito por aquel entonces.

Macaya ató un papel a una herramienta y la dejó caer a tierra: “¿Hacia dónde queda Limón?”. El hombre de abajo por fortuna sabía leer y, con el brazo, le señaló la dirección. Macaya aterrizó con bien y el primer vuelo de un piloto costarricense tocó tierra.

Recibido con honores. El 6 de octubre de 1933 llegó a La Sabana —previo aviso por telegrama— y fue recibido por unas 30.000 personas en calidad de héroe (como que nadie se quedó en la casa).

En enero del 2016 el avión llegó a Costa Rica en un contenedor y fue armado en el aeropuerto de Pavas y preparado para volar a finales de abril de ese año.

El 16 de abril del 2016 Espíritu Tico fue presentado a la prensa, amistades y familiares, fue bautizado como el avión original.

La Dirección General de Aviación Civil aprobó los permisos de vuelo, el programa de mantenimiento y le asignó una matrícula nacional.

Carlos Macaya deseaba que el avión realizara vuelos de exhibición y volara a los lugares donde su padre había sido pionero en la apertura de rutas y luego pasara a un museo; sin embargo, murió el 26 de abril del 2016 sin ver ese sueño cumplido.

Daño. El sábado 19 de setiembre de este año Espíritu Tico fue rasgado y le quedaron varias fisuras y huecos en el elevador, producto de un descuido del operador de una motoguadaña.

Estaban advertidos hasta la saciedad de que eso podía pasar, pero los encargados de custodiarlo hacen oídos sordos.

Hemos tratado durante más de un año de convencer a las autoridades de la Dirección General de Aviación Civil, específicamente al Consejo Técnico de Aviación Civil (Cetac), de que el avión está en un lugar inadecuado, lo cual ellos mismo reconocieron en una carta enviada a la Asociación Costarricense de Aeronáutica el 17 de setiembre del 2020.

Es decir, todos sabíamos lo que podía pasarle al avión, pero hemos encontrado puertas cerradas en nuestra tarea de llevarlo a un lugar más seguro.

La Asociación no tiene fines de lucro y está formada por casi todas las ramas de la aeronáutica costarricense. Su interés es crear un museo histórico de la aviación en Costa Rica y preservar y cuidar el Curtiss-Wright Robin.

No es nuestra intención quitarle el avión a nadie, sino, más bien, cooperar para que se mantenga como la reliquia que es, en un lugar adecuado.

Se le solicitó a la Dirección General de Aviación Civil que nos permita trasladar la aeronave a los hangares de la Sección Aérea, donde se le daría el cuidado necesario para mantenerla en óptimas condiciones hasta el traslado a un museo.

Los costos los pagaremos nosotros, con gente especializada, pues deben quitársele las alas y bajarlo del estante donde está.

En constante peligro. El capitán Guillermo Hoppe, cuando fue director de Aviación Civil, nos autorizó por escrito a trasladar la aeronave, pero, por razones que no están muy claras, se nos negó el permiso y de nuevo nadie decide, mientras tanto el avión sufre el deterioro por las lluvias, el sol y el humo constante de los camiones y vehículos que transitan por la terminal aérea y lo ponen en peligro.

Ahí, en esa rotonda, un bus o un automóvil pueden despegarle la cola y el humo de los camiones lo han cubierto de hollín.

La aeronave es un tesoro para nosotros, y ese rasguño es para la historia y los amantes de la aviación como si al Monumento Nacional le arrancaran una parte.

Esperamos que este ingrato aviso despierte el interés que hasta ahora las autoridades no han mostrado y nos permitan trasladar la aeronave a un lugar seguro donde nosotros podamos darle los cuidados que merece.

El autor es presidente de la Junta Directiva de la Asociación Costarricense de Aeronáutica (ACAR).