Paola Vega. 28 octubre

En épocas de crisis como la nueva normalidad que vivimos, todo gesto de solidaridad, apoyo mutuo y colaboración tiene un peso mucho mayor para reconstruir el ánimo y encontrar las soluciones que el país necesita con urgencia.

Previendo que miles de costarricenses afrontarían las devastadoras consecuencias económicas originadas por la covid-19, presenté en abril el proyecto de ley para trasladar a la atención de necesidades de las familias más vulnerables los recursos que 57 diputados recibimos para compra de gasolina.

Se trata de un monto de ¢17 millones al mes (alcanzaría para 272 bonos proteger por ¢62.500 cada uno). Tengo claro que es una cantidad pequeña, pero renunciar a ese privilegio genera un enorme impacto simbólico en una sociedad acostumbrada a esperar lo peor de la Asamblea Legislativa.

No hay argumento que avale el sostenimiento de ese beneficio. Se le pide a la población, incluidos quienes ocupamos una curul, quedarnos en nuestras casas todo el tiempo posible. Fueron canceladas giras de trabajo, compromisos en los pueblos o grandes actividades protocolarias que justifiquen nuestro traslado y el gasto de 500 litros de gasolina mensuales.

En cambio, hay miles de familias que atraviesan horas amargas y de desesperación. Ellas deben ser nuestra prioridad.

Es injusto, además, que varios diputados exijan profundos recortes al presupuesto de la República para el próximo año, muchos de los cuales afectarían seriamente los servicios públicos, y ni siquiera contemplen renunciar a un privilegio odioso que no necesitan.

Son inmunes a los propios argumentos que utilizan todos los días para cuestionar la burocracia estatal.

A todo lo anterior deben agregarse los múltiples cuestionamientos sobre la manera en que algunos diputados utilizan los recursos asignados para la compra de gasolina.

El Ministerio Público confirmó que investiga a Erick Rodríguez Steller por vender gasolina a sus asesores, lo cual, de llegar a confirmarse, podría constituir un delito.

En este momento de la historia es fundamental la solidaridad máxima de todas las instituciones y las personas. Cada quien debe aportar dentro de sus capacidades para que esta crisis no cause hambre ni desesperación a ninguna familia.

Espero que el proyecto de ley se apruebe en las próximas semanas. ¡Es momento de renunciar a privilegios!

La autora es diputada.