Ivonne Acuña Cabrera.   14 mayo

El 15 de mayo es un día de celebración, pero, sobre todo, una fecha propicia para reflexionar y precisar los desafíos que afronta la familia moderna.

Cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó en 1993 esta celebración, lo hizo para reconocer la extraordinaria relevancia que tiene la familia en el desarrollo económico y social de las naciones y como fundamento incuestionable de la sociedad.

Su importancia continúa vigente, quizás hoy más que nunca porque, debido a sus características intrínsecas y a los cambios que han tenido lugar en sus estructuras y dinámicas, el asegurar o no su fortaleza, salud y bienestar determinará de manera ineludible nuestro futuro.

Del mismo modo en que ha sucedido en gran parte de los países de Europa y del sur de nuestro continente, uno de los más grandes retos se relaciona con la reducción de la tasa de natalidad y el envejecimiento de la población.

Esos cambios sociológicos y demográficos tienen un impacto directo en la vida económica y, como lo han señalado diversos especialistas, comprometen el porvenir y la sostenibilidad de la nación.

Suicidio. Lo que sucede en muchos países es un verdadero suicidio, como lo denominan muchos expertos. En el Viejo Continente, por ejemplo, como afirma Pablo González de Castejón, "según Eurostat, en el 2016, hasta 15 países tuvieron más muertes que nacimientos. Se trata de Bulgaria, República Checa, Alemania, Irlanda, Grecia, España, Croacia, Italia, Letonia, Lituania, Hungría, Polonia, Portugal, Rumanía y Serbia”.

Pero, a pesar de la advertencia que se ha venido formulando con relación a esta realidad, en nuestro contexto, es muy poco lo que se ha hecho para revertir ese proceso. La falta de conciencia es evidente cuando se constata la inexistencia de políticas públicas dirigidas a la protección, el fortalecimiento y la promoción de la familia.

En pleno siglo XXI, una agenda del Estado con esas falencias, no solo conduce a un creciente deterioro social, sino que nos dirige a un inevitable colapso del sistema de bienestar.

En Europa, han empezado a entenderlo la mayoría de los partidos políticos, y por eso se han incorporado en los programas de gobierno, y se han tomado posteriormente en la gestión pública significativas medidas legislativas y formulado políticas públicas.

Se requiere con urgencia realizar esfuerzos concretos para apoyar a las familias numerosas. El aporte que le proporcionan a la sociedad exige que esta les retribuya con condiciones y medidas favorables.

Apoyo. Una de esas medidas, fundamental también para la realidad costarricense, es el apoyo que se les debe otorgar a los núcleos numerosos.

En los tiempos actuales, con una tasa de natalidad de 1,7 (muy por debajo de la tasa de reemplazo generacional), las familias han reducido su tamaño, en parte, porque las nuevas parejas ven en la situación económica un impedimento para aspirar a tener varios hijos, aunque para muchas de ellas ese fuese su deseo.

En consecuencia, debido a esos obstáculos y a limitaciones financieras, se ha reducido la tasa de natalidad y la pirámide poblacional tiende a invertirse aceleradamente.

Ante esta situación, se requiere con urgencia realizar esfuerzos concretos para apoyar a las familias numerosas. El aporte que le proporcionan a la sociedad exige que esta les retribuya con condiciones y medidas favorables para el acceso igualitario de sus miembros al disfrute de los bienes económicos, sociales y culturales.

En el marco de celebración de la Semana Nacional de la Familia y del Día Internacional de la Familia, como diputada, he creído necesario presentar el Proyecto de Ley para el Reconocimiento y Apoyo a las Familias Numerosas.

Modelo español. Con esta iniciativa, para la cual nos hemos fundamentado en la Ley de Familias Numerosas española, procuramos que las personas elijan libremente la cantidad de hijos que desean tener, criar y educar, sin que por las limitaciones económicas desistan de ello.

Sabiendo la importancia que tienen las familias numerosas para la sostenibilidad del sistema económico del país, se crean para ellas y sus miembros condiciones favorables para que tengan, de manera igualitaria, acceso a los bienes y servicios. Un principio que en países como España se ha promovido acertadamente bajo la frase para que “ser más, cueste menos”.

La autora es diputada.