María I. Chamorro Santamaría. 25 septiembre

Se calcula que más de dos millones de personas son traficadas en el mundo, por medio de su compraventa, principalmente para la explotación sexual y laboral.

Es un delito de alto impacto en lo social y su rentabilidad es equiparable al tráfico de drogas y de armas.

La trata y explotación sexual se comete contra personas vulnerables por su pobreza y falta de acceso a la educación, pero también contra adolescentes ingenuas de todo nivel socioeconómico, que aceptan invitaciones de adultos que les ofrecen una experiencia agradable, un momento de glamur, becas de estudios, viajes, trabajos llamativos y vidas de lujo y abundancia.

Como actividad delictiva, la trata de personas y explotación sexual trabaja oculta, bajo actividades que pueden parecer ordinarias y, por tanto, es necesario que la población ayude a identificar a los delincuentes detrás de esta afrenta a los derechos humanos.

Los traficantes explotan la vulnerabilidad de las personas, especialmente de las niñas y mujeres, por el papel de sometimiento de estas a los hombres como parte de la discriminación y violencia de género existentes en la mayoría de las comunidades.

Lo anterior es producto de patrones de conductas machistas dentro de un sistema político, económico y social patriarcal.

Prevención y denuncia. La crisis pandémica debida al coronavirus, que ha impactado negativamente la economía y los empleos, augura un aumento de la pobreza en América Latina, que podría incidir en el incremento de la trata de personas y explotación sexual, lo cual es confirmado por la Organización de las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud.

Es necesario un enfoque amplio e internacional preventivo en los países de origen, tránsito y destino, en donde el Estado, organizaciones de bien social, comunidades y la familia se unan para identificar los comportamientos de las personas detrás del delito.

Los transgresores se ponen en contacto con sus víctimas a través de las redes sociales, en un inicio muestran interés como amigos o posible pareja sentimental. Finalmente como proveedores de bienestar y abundancia.

También lo hacen personalmente, acechándolas cerca de los centros educativos y lugares de concurrencia de jóvenes, como playas, plazas públicas, bares y discotecas, e igualmente ponen como carnada hacer realidad todos los sueños que culminan en una mejor vida.

Colaboración. Como sociedad responsable hay que estar atentos a este tipo de comportamientos sospechosos, cooperar en la identificación y referencia de las víctimas para evitar que más niñas y jóvenes sean parte de este crimen organizado.

Cuando exista sospecha de que una persona podría estar siendo víctima de trata y explotación sexual, debe informarse al Organismo de Investigación Judicial para contribuir a la detención de miembros de la red de delincuentes, acción que salvaría la vida de decenas de personas.

El Estado brinda a las víctimas atención médica, psicológica y asesoría legal. Además, existen organizaciones que impulsan la restauración de las vidas de las mujeres y los hombres involucrados en el comercio sexual y de sus familias por medio de una atención integral, con el objetivo de reinsertarlos en la sociedad.

No existe razón para mantener silencio si creemos y sospechamos que alguien puede ser víctima de este delito.

La autora es presidenta de Junta Directiva de la Fundación Rahab.