Eric Scharf. 9 mayo

De cara al inicio de las sesiones ordinarias en la Asamblea Legislativa, vale la pena centrar la mirada en el avance del proyecto de ley para regular el teletrabajo, dictaminado afirmativamente en la Comisión de Asuntos Económicos a inicios del mes de abril.

Hasta hace algunos años, pensábamos en el trabajo como un lugar físico donde desarrollábamos una serie de actividades para las cuales estábamos preparados y por las cuales éramos remunerados. Más recientemente, hemos evolucionado a un estado, una actividad o una acción que podemos llevar a cabo, en muchos casos, en el hogar y, de igual forma, recibir el pago por ello.

Un caso de éxito en la aplicación de sistemas virtuales y la generación de empleo a distancia es la empresa Amazon, la cual en el 2018, con la ayuda de la Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (Cinde), generó 600 puestos para personas bilingües residentes fuera de la Gran Área Metropolitana (GAM).

En esa línea, podemos decir que las ventajas del teletrabajo son más que conocidas; gana el empleador y ganan los colaboradores. En un mundo en el cual buscamos disminuir costos y aumentar beneficios, el teletrabajo es un aliado para centenares de empleadores en el país, mientras que para los colaboradores habría una disminución de costos en el desplazamiento, un mejor acomodo de los tiempos, ya sea con fines personales, familiares o de estudio, y disponibilidad para negociar los horarios.

Uno de los participantes claves en este proceso es el Centro Internacional para el Desarrollo del Teletrabajo. La organización calcula que cada teletrabajador dejaría de gastar ¢120.000 anuales en ropa y ¢151.000 anuales en alimentación.

Las empresas, por su lado, reducirían hasta ¢270.000 anuales por cada persona que realice trabajo a distancia.

El centro también concluyó que el teletrabajo, para la mitad de los funcionarios con perfil para hacerlo, resultaría en una disminución de 24.000 vehículos diarios en las carreteras de la GAM, lo que también descongestionaría las carreteras, lo cual, a su vez, disminuiría la cantidad de combustible en, aproximadamente, 48 millones de litros anuales y se emitirían 28.000 toneladas de dióxido de carbono menos.

De lograr utilizar el teletrabajo, no solo sería un alivio para el bolsillo de los costarricenses, sino también sería un sólido apoyo a la estrategia de descarbonización.

Atracción y retención de talento. El ciudadano y su realización deben ser prioridad. Es un mito que quien teletrabaja labora menos. Al contrario, la experiencia y los datos dicen que se estimulan las responsabilidades y compromisos de índole social e individual y, al mismo tiempo, el propio individuo dispone de oportunidades para su realización. Esto, por supuesto, también es un cambio de paradigma, pues se privilegia el trabajo por objetivos.

Desde la mirada social, también identificamos en el teletrabajo una forma de inclusión e integración laboral y profesional de los diversos grupos poblacionales, especialmente, aquellos en condiciones de vulnerabilidad.

Vemos con optimismo a un país que brinda oportunidades más allá del tradicional lugar de trabajo y estimula el desarrollo integral de los ciudadanos.

El autor es presidente de la Junta Directiva de Cinde.