Ian Vásquez. 13 diciembre, 2019

Dos visiones distintas del país estuvieron en juego en las elecciones del Reino Unido, que tuvieron lugar el jueves y en las cuales el brexit fue el tema central.

Si los británicos se divorcian de la Unión Europea, como propone el primer ministro Boris Johnson, tendrá efectos durante un largo plazo. Si hubiera ganado Jeremy Corbyn, del Partido Laborista, el país también experimentaría cambios radicales.

Johnson dice que quiere crear una economía dinámica de mercado, mientras que Corbyn favorece políticas socialistas.

En realidad, ninguno de los dos ofrece una agenda con la que un creyente en la democracia liberal de poderes limitados estaría de acuerdo. Pero desde ese punto de vista, la opción superior era Johnson.

Johnson. La plataforma del Partido Conservador de Johnson promete aumentos en el gasto público, especialmente en educación y salud. El partido no incrementará los impuestos, pero ha abandonado la idea de rebajar algunos, como el corporativo. Propone, además, un alza en el salario mínimo que llegaría a estar entre los más altos del mundo en desarrollo.

El Institute for Fiscal Studies (IFS), centro independiente británico, advierte de que esta política podría afectar de manera negativa el empleo.

Las propuestas impositivas y fiscales de Johnson no son radicales. Por eso, el IFS las califica de “modestas”. Lo radical de Johnson es el brexit.

Sin duda, muchos que votaron a favor en el referendo del 2016 lo hicieron por razones nacionalistas y xenófobas, algo a lo cual la retórica de Johnson apeló a veces.

Pero Johnson no es un ideólogo y, en la práctica, ha sido liberal en lo social: ha propuesto amnistía para los migrantes ilegales y fue uno de los primeros políticos en favorecer el matrimonio homosexual, por ejemplo.

Cree firmemente en el comercio libre y ha llenado su gabinete de gente que profesa ser creyente en el libre mercado.

Es más probable mantener y conseguir políticas liberales con un primer ministro Johnson que con la alternativa en esta elección.

De hecho, una vez, Corbyn dijo que Hugo Chávez mostró que hay una manera diferente y mejor de hacer las cosas: el socialismo.

Corbyn. El socialismo tiene influencia en la plataforma del Partido Laborista. Propone nacionalizar las industrias de agua, energía, ferrocarriles, correos y banda ancha de fibra.

Según el IFS, agregaría 310.000 empleados al sector público y 150.000 millones de libras a la deuda pública por encima de lo que costaría pagar por las nacionalizaciones.

“Nacionalizaciones a esta escala en las economías avanzadas de Occidente casi no se han visto en la última mitad de siglo” y representarían una reestructuración significativa de la economía británica, de acuerdo con el IFS.

Corbyn fortalece los sindicatos y requiere que los trabajadores de las empresas grandes se conviertan en dueños de hasta el 10 % de las acciones de esas compañías. Aumentaría el gasto público y los impuestos de forma masiva.

Por cada libra extra de gasto público que los conservadores proponen, los laboristas gastarían 28 libras adicionales.

Corbyn prometía crear numerosos beneficios, como la reducción de la semana laboral a cuatro días sin disminuir los salarios, la construcción de 150.000 viviendas anuales y la extensión a un año del salario durante la baja por maternidad. Habría una agenda verde vigorosa que también afectaría la organización económica del país.

El Partido Laborista no se opone al brexit, pero sería menos probable bajo su liderazgo. En todo caso, su agenda es mucho más radical.

El reto para la democracia liberal será lograr reformas profundas de mercado para revertir el poco crecimiento actual. Nada fácil en tiempos en que las políticas de mercado están claramente bajo ataque popular.

El autor es director del Centro para la Libertad y Prosperidad Global en el Cato Institute.