Arturo Solís Moya. 23 septiembre

La educación médica es un proceso largo, complejo y costoso, cuyo objetivo primordial es la formación de profesionales íntegros, profundamente humanos y con un conocimiento amplio, pero a la vez cambiante, que los faculte para llevar el alivio a sus pacientes.

Un médico llega a serlo como resultado de la interacción en múltiples escenarios. El académico y la práctica clínica son los más relevantes. Esta práctica da inicio muy temprano en la carrera para que el alumno aprenda al lado del paciente, no solo a poner sus conocimientos y capacidad de deducción en práctica, sino también para que comience a entender las diversas necesidades del ser humano al cual llamamos paciente.

La pandemia obligó a la Caja Costarricense de Seguro Social a suspender las actividades académicas de los estudiantes de Medicina y de otras ciencias de la salud en marzo, y se mantendrá así por tiempo indefinido.

Cuando volvemos la mirada hacia el complejo mundo de la actividad docente médica, nos damos cuenta de que la manera como hemos hecho las cosas por tantos años, o siglos, va inexorablemente a cambiar a muy corto plazo, sin saber aún si para bien o para mal.

El “modelo tradicional de enseñanza”, desde la medicina griega hasta nuestros días, es el de un maestro que recorre los pasillos de un hospital al lado de sus estudiantes, quienes escuchan atentos, toman nota, hacen preguntas o las responden.

Los estudiantes ingresan a los salones con sus tutores y aprenden a dirigirse al paciente, a interrogarlo, a examinarlo y a acompañarlo; muchas veces, entablan amistad, los lazos humanos se fortalecen, la familia se involucra y el buen estudiante reconoce diferentes rutas de aprendizaje en todo el proceso.

Cambio por venir. Las restricciones en los hospitales —evitar el ingreso excesivo de personas, mantener el distanciamiento social, el uso de equipos de protección personal, la segregación de pacientes entre enfermos de covid-19 y no infectados, etc.) tendrán un impacto en cómo los estudiantes de Medicina solían aprender del contacto directo con los pacientes.

La visita al lado del profesor va a cambiar: se acabó el acompañamiento didáctico del estudiante que aprende a tratar al ser humano, a escucharlo y a definirle un plan de tratamiento que se ajuste a sus necesidades; es poco probable que los profesores reciban nuevamente muchos estudiantes para entrenarlos en sus primeros pasos; las oportunidades de valorar estudios, interpretar imágenes, sugerir cambios terapéuticos, etc. tendrán que modificarse y, ciertamente, no va a vivirse “al lado de la cama del paciente”.

Hace poco menos de 15 años la Dra. Aliza Lifshitz señalaba que la enseñanza y el aprendizaje de la medicina se desarrollan en cuatro grandes escenarios: la comunidad, los laboratorios, el aula y los campos clínicos, y destacaba que en cada uno deben utilizarse diferentes técnicas didácticas y reconocer que el sistema también es dinámico, pues se pasa de un escenario a otro haciendo uso de todos los recursos de infraestructura sin olvidar el papel que desempeñan los medios tecnológicos, en especial, los electrónicos, necesarios para adquirir un aprendizaje significativo y sólido, como videoconferencias tutoriales, consulta en línea de bases de datos, aulas virtuales, hospitales o centros de simulación, etc.

El docente médico deberá tener una formación diferente, madurez y gran capacidad de adaptación para actualizarse según la exigencia de los diferentes escenarios y aprovechar así la riqueza de cada uno de estos.

Preocupación por el distanciamiento. Me preocupa profundamente, sin embargo, que el distanciamiento social por efecto del SARS-CoV-2 —y de otros virus que vendrán en el futuro— se traduzca en un distanciarse del paciente, en alejarse de su realidad, en “valorarlo” a la distancia sin saber cómo se siente realmente, dónde está el dolor, por qué razón no quiere comer, etc.

Me pregunto si estaremos a las puertas de una educación médica más deshumanizada, más virtual y, por ende, alejada del contacto clínico, del sentir del paciente, ajenos a su situación familiar y social. ¿Estaremos educando expertos en tratar situaciones médicas por control remoto?

Los hospitales virtuales u hospitales de simulación cumplen un rol fundamental en la formación profesional, sobre todo en la práctica de ciertos procedimientos, como intubación, toma de vías, resucitación cardiopulmonar, etc. Pero no es correcto pretender que el arte de la medicina se forje primordialmente en la virtualidad.

El arte de tratar a un paciente tiene que ver con el contacto directo con su persona, su realidad, su entorno, su familia, sus sentimientos y sus opiniones sobre lo que lo aqueja.

Papel de la tecnología. Por otra parte, la inversión en tecnologías de la información y la comunicación (TIC) aplicadas a la salud (e-salud) se han multiplicado considerablemente en los últimos años en muchos países desarrollados. Ejemplo de ello es el Hospital Clínic de Barcelona, donde poseen un robusto programa de telemedicina, denominado Hospital VIHrtual, que atiende por control remoto a unos 200 pacientes infectados por el VIH, proporcionando un control integral en aspectos médico, farmacéutico, psicológico y calidad de vida.

Los resultados son presuntamente igual de satisfactorios que los obtenidos en una visita presencial. La herramienta optimiza el tiempo invertido en las consultas, y este se ha reducido de 20 a 10 minutos.

Este tipo de servicios y de tecnologías deben fortalecerse, estar al alcance de los pacientes, principalmente de aquellos con alguna discapacidad física o situación geográfica que les dificulta el acceso a los centros de salud. Sin embargo, aún no hay suficientes estudios para desvelar los riesgos de estas aplicaciones y, a pesar del costo, no se ha demostrado su eficacia.

La evidencia sobre los beneficios de la e-salud es débil e inconsistente y no existe prueba de su rentabilidad. Algunos incluso afirman que estas tecnologías crean dependencia en el personal de salud a la hora de establecer diagnósticos.

Los desafíos son muchos y la resiliencia es nuestra mejor aliada en estos tiempos de cambios, pandemias y medidas sanitarias. Los estudiantes de Medicina deben volver a los salones cuanto antes, en forma ordenada, progresiva y bajo estrictos cuidados dentro de los establecimientos de salud.

No puede ponerse en riesgo la formación clínica de los estudiantes ni podemos desligar del contacto con los pacientes a los futuros profesionales de la más humana de las profesiones.

El autor es médico pediatra.