Alexander Sánchez Sánchez. 2 octubre

Como respuesta a la crisis económica de finales de los setenta y principios de los ochenta, Costa Rica adoptó el modelo basado en la promoción de exportaciones y apostó por una producción más intensiva en el uso de capital y generación de valor agregado.

Como el sector productivo carecía de capacidad para vender fuera de sus fronteras, se puso en práctica una vigorosa estrategia de atracción de inversión extranjera directa, la cual ha crecido, desde 1980, un 17 % anualmente.

El modelo resultó exitoso. En las últimas tres décadas, el país mantuvo un crecimiento del producto interno bruto cercano al 5 %.

Son necesarias políticas de Estado, no de gobierno, como ha sido la práctica hasta ahora, y en su formulación, así como en la de los programas y proyectos específicos, debe tomarse en cuenta a actores públicos, privados, académicos y de la sociedad civil.

Costa Rica firmó 14 diferentes convenios comerciales, vende en 151 mercados, exporta más de 4.000 productos y en el parque empresarial operan cerca de 2.400 empresas exportadoras.

Falla histórica. Lamentablemente, el modelo careció de una visión integral y omitió el impacto social que tendría desincentivar la permanencia de empresas cuyos procesos productivos necesitaban mano de obra poco calificada.

Este fenómeno, junto con la falta de capacidad institucional para adaptarse a las necesidades de los sectores productivos, son dos de los elementos que más están castigando la economía porque, aunque las señales han sido claras, los sistemas relacionados con la producción han presentado por año grandes falencias.

Un ejemplo es el sistema educativo, tanto académico como técnico, por cuya extrema rigidez un gran porcentaje de la población no cumple los requisitos mínimos para ingresar al mercado laboral.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos, en el 2017, un 3,5 % de la población mayor de 18 años carecía de un grado de instrucción, un 11,3 % no había concluido la primaria y un 17,3 % tenía la secundaria incompleta. El panorama no ha cambiado.

El fenómeno se agrava en la periferia. En la región Huetar norte, un 8,9 % en ese rango de edad no había cursado ningún nivel de instrucción, seguida de la Brunca y la Huetar caribe, con un 5 %.

La mayor cantidad de personas sin primaria completa (18,5 %) residía en la región Huetar norte, mientras que la Chorotega y el Pacífico central presentaron un porcentaje más elevado con secundaria incompleta; 18,3 % y 18,5 %, respectivamente.

Pobreza. Como resultado de ello, la tasa de desempleo abierta, desde el 2010, ronda el 10 % y es, en gran medida, la causa de que continuemos teniendo índices de pobreza y pobreza extrema superiores al 20 % y el 5 %, respectivamente, así como un creciente sector informal.

Es fundamental atender la problemática de manera prioritaria, para lo cual es clave, entre otras cosas, mejorar la calidad de la educación académica y el acceso a formación técnica, atraer inversión que encadene la producción local, diversificar las actividades productivas en zonas periféricas y valorar el incentivo para la instalación de empresas intensivas en mano de obra poco calificada.

Para ello, son necesarias políticas de Estado, no de gobierno, como ha sido la práctica hasta ahora, y en su formulación, así como en la de los programas y proyectos específicos, debe tomarse en cuenta a actores públicos, privados, académicos y de la sociedad civil. De no ser así, tendremos cada vez más población destinada a vivir en la pobreza.

El autor es economista y administrador de empresas.