Darner A. Mora. 16 septiembre, 2019

El papel de los bosques es fundamental para el recurso hídrico y la biodiversidad. Según Peter Wohlleben, autor de La vida secreta de los árboles, a unos 600 kilómetros (km) en el interior de los continentes, “ tanto más seco debería ser el terreno porque las nubes dejan caer la lluvia y desaparecen”. Respecto a esa afirmación, cabe preguntar: ¿cómo llega realmente el agua al bosque y al interior continental? En apariencia, el cuestionamiento es sencillo, pero la respuesta es difícil porque una de las características esenciales de la tierra es la altitud; esto hace que, por gravedad, todas las aguas fluyan siempre hacia un punto más bajo, o sea, los mares y océanos.

Diferentes investigadores de todo el mundo descubrieron que todo el proceso se venía abajo cuando se talaban los bosques costeros.

Las prolíferas nubes que se forman sobre la superficie del océano generan lluvias y, a unos 600 km en el interior de los continentes, la abundante cobertura boscosa en esta limitada franja de tierra hace que también haya nubes y lluvias debido a la evapotranspiración. Las nubes se trasladan en conjunto al interior de la tierra, impulsadas por los vientos provenientes de los océanos. Si no fuera así, los continentes se secarían después de los 600 km, sería un territorio desértico y desolado, y la vida solo sería posible en la estrecha franja de la parte costera.

Más que agua. Aunado a esto, los árboles absorben en verano hasta 2.500 metros cúbicos de agua por kilómetro cuadrado, la cual liberan al aire a través de la respiración. Con este vapor, vuelven a formarse las nubes, que se mueven hacia el interior y dejan caer la lluvia de nuevo. Esto se repite cíclicamente, de manera que los territorios más alejados de la costa reciben la humedad. Para que esta situación se mantenga, la única condición es que exista bosque desde la costa hasta el lugar más recóndito de la tierra. Diferentes investigadores de todo el mundo descubrieron que todo el proceso se venía abajo cuando se talaban los bosques costeros, los cuales actúan como una “estación de bombeo”, trasladando la humedad costera a las tierras y bosques.

Afortunadamente, aún existen bosques costeros con una amplia superficie vegetal, donde cada metro cuadrado atrapa el agua precipitada que posteriormente se evaporará para formar nubes, las cuales, sumadas a las otras de origen oceánico, serán arrastradas por los vientos marinos para permitir el surgimiento de la vida dentro de los continentes.

En resumen, la evaporación, la condensación y el papel de los árboles en las precipitaciones regulares son, evidentemente, de vital importancia para nuestros ecosistemas locales, ya que el agua, el viento y los árboles van siempre de la mano para proteger la biodiversidad y atenuar el cambio climático.

El autor es salubrista público.