Juan Jaramillo Antillón. 25 agosto

Con asombro leí en La Nación que 12 diputados, a quienes no parece importarles la salud ni la vida de los costarricenses, proponen legalizar las huelgas en servicios esenciales, como lo son el Cuerpo de Bomberos, la Policía, las clínicas y hospitales.

De llegarse a aprobar dicho proyecto de ley, convertirían a Costa Rica en el muy tristemente conocido pueblo de Arizona, de nombre Tombstone (lápida, en español), donde hace poco más de un siglo primaban la violencia y el desorden, y la vida no valía nada.

Nunca en la historia del país durante una huelga los médicos y el personal de Emergencias han abandonado sus puestos.

Aunque, increíblemente entre los ponentes aparece un médico, estoy seguro de que los 11 restantes jamás han estado en un servicio de Emergencias de un hospital porque si lo conocieran sabrían que su propuesta es injusta e inhumana, no obstante la presenten seres humanos, a los cuales solo parece interesarles promover su figura política ante los sindicatos, únicos que los apoyarían.

En una huelga de apenas ocho días, podrían morir cientos de costarricenses. Los servicios de Emergencias son empleados por todos los que sufren un problema grave de salud y recurren a ellos para salvar sus vidas.

Como médico, pasé muchos meses atendiendo dichos enfermos, y sé la necesidad que tienen los cientos de personas que acuden a ellos todos los días. No importa si son asegurados o no, si son ricos o pobres, si son mujeres u hombres, si son viejos o niños, si son costarricenses o extranjeros.

Atención inmediata. Los médicos de Emergencias del Hospital Nacional de Niños darán fe de la cantidad de menores con enfermedades agudas o accidentes de todo tipo a quienes salvan diariamente. Entre estos podrían estar los hijos o nietos de los diputados proponentes.

Vemos accidentados con contusiones, fracturas y lesiones internas: en el cráneo, el tórax, el abdomen y los miembros, causados en choques o por heridas de arma blanca o fuego, a quienes es necesario operar de inmediato para salvar sus vidas.

Hipócrates decía que la medicina era una profesión que ofrecía un servicio indispensable para la salud y la vida del paciente y no debería considerarse esta ciencia un negocio, y que el médico debería atender siempre al enfermo sin importar la persona, el momento o el tipo de problema que sufría.

Los cardiópatas llegan con un infarto, un accidente vascular cerebral, insuficiencia cardíaca o ahogándose llenos de sufrimiento y debemos tratarlos y recuperarlos de inmediato. Las embarazadas en parto eminente o que sufren dificultades o presentan sufrimiento fetal de diversos tipos, a las cuales solo una cesárea de emergencia salva su vida y la del niño no pueden esperar.

Un quemado colmado de dolores y sufrimientos, ¿se quedaría así hasta su muerte? Quien tenga abdomen agudo como una apendicitis, colecistitis, la perforación de una úlcera en el estómago o una obstrucción intestinal, entre otros, moriría horas o días después.

La persona que se intoxicó o la que intentó suicidarse y requiere atención inmediata, ¿tiene derecho a vivir?

Sin otras opciones. Podría extenderme mucho más. Miles y miles de los asistentes a los servicios de Emergencias solo tienen el seguro social que el país proporciona.

Este es el panorama incierto y peligroso que los costarricenses tendrían en el futuro. Nunca en la historia del país durante una huelga los médicos y el personal de Emergencias han abandonado sus puestos.

Yo esperaría una conducta igual en el presente; sin embargo, la manifestación de un sindicalista médico hace unos días, me dejó avergonzado. Dijo públicamente que bien valía la muerte de un enfermo si se evitaba que el Seguro Social no fuera privatizado.

No estaba sucediendo algo así, era una mampara para justificar sus pedidos. Hipócrates decía que la medicina era una profesión que ofrecía un servicio indispensable para la salud y la vida del paciente y no debería considerarse esta ciencia un negocio, y que el médico debería atender siempre al enfermo sin importar la persona, el momento o el tipo de problema que sufría.

El autor es médico y fue ministro de Salud en el periodo 1982-1986.