Alejandro Vargas Johansson. 9 agosto

El periodismo, por ser quizás uno de los ejercicios más públicos y en boca de todos, motiva a abogados, doctores, educadores y economistas de la Universidad de Costa Rica (UCR) a opinar sobre el perfil ideal de quien debe dirigir el Semanario Universidad, uno de los tres medios universitarios.

Por ser una materia tan técnica, muchas veces confundida con la de “periodista institucional”, “relacionista público” o “comunicador universitario”, bien vale la pena repasar algunas diferencias.

Urge que quienes no son zapateros remendones —bonita figura artesanal con la que todo periodista experimentado siente identificación— comprendan que zurcir y martillar la “acción universitaria” va más allá.

Entre los argumentos esgrimidos por este grupo de académicos, está la necesidad de destacar la acción universitaria. Por supuesto que la acción social, la investigación y la docencia son áreas que generan noticia. De hecho, la institucionalidad universitaria —a través de la Oficina de Divulgación e Información— ya cuenta con suplementos, programas radiofónicos y televisivos para esa labor en los mismos medios de comunicación universitarios, pues no hay duda de que los hallazgos académicos también deben informarse.

Sin embargo, urge que quienes no son zapateros remendones —bonita figura artesanal con la que todo periodista experimentado siente identificación— comprendan que zurcir y martillar la “acción universitaria” va más allá.

En el ejercicio periodístico —en el cual lo universitario y lo nacional no deberían guardar distancias—, también deben incluirse los abusos con las anualidades en nuestra universidad, los salarios millonarios propios de academias de los países desarrollados, la urgencia de reducir beneficios docentes para ampliar el sistema de becas, la importancia de fortalecer la periferia respecto a la sede Rodrigo Facio y, por supuesto, quitar los velos sobre las situaciones de abuso reportadas mayoritariamente por estudiantes universitarias cometidas por algunos docentes. Esta labor también la ha desarrollado históricamente el Semanario Universidad.

Si un médico deja las tijeras dentro del estómago que opera, solo se convierte en tema nacional si alguien publica el hecho; o si un abogado en calidad de notario hace mal una escritura estratégica para el desarrollo de un proyecto, lo será si otro se atreve a publicar un post o si algún medio publica una nota, en caso de ser un hecho noticioso.

Por definición, entonces, un periodista se filtra en la vidas de los demás profesionales no con el afán de enlistar las características ideales de un médico o un abogado, sino para reportar un hecho comprobable que genera conflicto, oposición, actualidad o relevancia. Sin embargo, en la UCR algunos docentes envalentonados, que saben poco de zapatos, sí creen tener derecho a opinar sobre los perfiles ideales de quien dirija un medio universitario.

El autor es docente en la UCR.