Guido Calvo Chaves. 8 abril

El 3 de abril el mundo fue testigo de un acontecimiento único: 22 momias del antiguo Egipto fueron transportadas a su nuevo hogar en el Museo Nacional de la Civilización Egipcia, en El Cairo.

Vimos un espectáculo que supera muchas de las grandes producciones de Hollywood, mediante el cual, aparte del homenaje a múltiples miembros de la antigua realeza egipcia, ese país de Oriento Próximo nos envió un mensaje cultural en varios niveles.

No solamente la caballería, los carros egipcios tirados por caballos, los figurantes transportando artículos alegóricos para la ocasión y el ejército que saludó la entrada de las momias a su nueva morada con 21 salvas de cañón fueron parte de este magnífico acontecimiento.

La orquesta y el coro sinfónicos, la obra original interpretada, así como la violinista y las cantantes, todos eran egipcios. El solo de ud (instrumento tradicional de ese país) del asistente del concertino y el flautista tocando la flauta tradicional transmitieron fuerte y claramente que Egipto apuesta por presentarse ante el mundo como un destino cultural.

La Orquesta Sinfónica Nacional y el Coro Sinfónico Nacional interpretando, el 31 de mayo del 2019,
La Orquesta Sinfónica Nacional y el Coro Sinfónico Nacional interpretando, el 31 de mayo del 2019, "La condenación de Fausto", en el Teatro Nacional. Fotografía: Lilliam Arce.

Nuestra imagen. La reflexión para nosotros, en Costa Rica, es si queremos ser vistos a escala mundial como un país pacífico, culto, educado, de buen gusto, poseedor de una pujante e inteligente imagen verde ecológica, donde las bellas artes son relevantes para la clase gobernante o vamos a conformarnos con Verano de Ganoza.

Nuestro país se inclina hacia a las artes en general. En el ámbito musical, la semilla fue plantada hace mucho tiempo, en 1927, cuando se fundó la Orquesta Sinfónica de Costa Rica, dirigida por el maestro belga Juan Loots.

Más adelante, en 1940, en la administración Calderón Guardia, se decretó la creación de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) y, en 1972, una revolución musical tuvo como artífices a don Pepe Figueres y Guido Sáenz. Este último, como viceministro de Cultura, profesionalizó la figura del músico.

Muchos de nosotros hemos visto las fotografías de cientos de niños en fila para una audición, en pos de obtener un lugar para aprender a tocar un instrumento orquestal en la novel institución.

El primer concierto de aquella Orquesta Sinfónica Juvenil fue transmitido en directo por la televisión, y fue un éxito mediático instantáneo.

La dirección musical de la orquesta de Gerald Brown, director jovial y carismático contratado para dirigir las sinfónicas Nacional y Juvenil, fue un acierto.

La asociación entre el maestro Brown y la violinista prodigio costarricense y estadounidense Dylana Jenson colocó a nuestro país en el escenario mundial y nos legó el primer disco que la Orquesta Sinfónica Nacional grabó con el Concierto para violín y orquesta en mi menor de Mendelssohn, así como la Introducción y rondó caprichoso de Camille Saint-Saëns, disco que, por cierto, no aparece registrado en el catálogo del sitio oficial de la OSN. He ahí un ejemplo más de nuestra consuetudinaria amnesia en cuanto al arte se refiere.

Desfile de momias en Egipto. AFP
Desfile de momias en Egipto. AFP

Presupuestos. Instituciones como el Conservatorio de Castella, la OSN y su programa juvenil, ahora Centro Nacional de la Música, que incluye el Coro Sinfónico Nacional y, más recientemente, en la administración de Laura Chinchilla, el Sistema Nacional de Escuelas de Música (Sinem), son muestras de que las políticas gubernamentales en los últimos 80 años, si bien han sido atinadas, no están dotadas del merecido contenido económico.

El momento histórico por el cual transitamos es a todas luces difícil económicamente y, como ciudadanos responsables, debemos hacer esfuerzos que no estaban contemplados ni se vislumbraban en el orbe; sin embargo, contamos con artistas que compiten internacionalmente.

Músicos, pintores, escultores, cantantes, actores, compositores, coreógrafos, directores de teatro, cineastas, bailarines, etc., una miríada de talentos que pujan por mantener la llama de las artes encendida, trabajando con las uñas, con poco o nulo apoyo gubernamental y menos empresarial.

Depende de nosotros si deseamos ser identificados con el Verano de Ganoza y las pocas prendas de vestir de sus acompañantes o con un pueblo (gobierno y empresa privada) que apoya decididamente las artes.

Solo así proyectaríamos una imagen digna de una nación deseosa de dejar una huella en el mundo como destino para el turismo ecológico y artístico, como nos lo ejemplifica el homenaje a los antiguos faraones hecho por el gobierno del presidente egipcio, Abdulfatah al Sisi.

El autor es profesor universitario retirado y concertino en la Orquesta Sinfónica Universidad de Costa Rica.