Fernando Morales Martínez.   14 junio

El maltrato de las personas mayores debe abordarse de manera holística por tratarse de un problema difícil de afrontar en cualquier parte del mundo y porque ocurre indistintamente de la condición económica, el estatus social, la profesión o el oficio de las personas; de disponer o no de un grupo familiar o de apoyo; o de vivir en un país desarrollado o en uno subdesarrollado.

El aumento del desempleo tiene consecuencias para la sociedad en general, entre estas, agudizan el flagelo del maltrato y aumentan el abandono, lo cual dificulta soluciones por medio de las instituciones estatales.

La dificultad del país para dimensionar la realidad del problema se produce debido a la carencia de estadísticas fidedignas que reflejen el maltrato a escala nacional, tanto de hoy como de años anteriores. La problemática se trata desde diferentes instituciones y cada una genera su propia información, según los criterios técnicos propios de sus competencias.

Asunto de salud pública. La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) atiende los casos, pues el fenómeno como tal se identifica en la atención cotidiana de la salud y, dadas sus características y efectos, el maltrato es considerado un problema de salud pública.

El Poder Judicial, en su función de tutelar los derechos de las personas mayores, atiende diariamente las denuncias e inicia procesos legales en todo el país. El Consejo Nacional de la Persona Adulta Mayor (Conapam), e incluso organizaciones de la sociedad civil, como los hogares de ancianos, centros diurnos y organizaciones comunales, también dan respuesta cuando se enteran de que una persona mayor está siendo maltratada.

Dentro del amplio margen de acción referido, las instituciones realizan ingentes esfuerzos conjuntos, con el fin de brindar soluciones integrales eficaces a la situación que afrontan los costarricenses adultos mayores, como el maltrato físico, psicológico y patrimonial, el abuso sexual, la negligencia y el abandono.

Recuerdo que en los años ochenta llamaba la atención, sobre todo, el maltrato físico porque dejaba huellas en la piel. Poco a poco, la madurez de los equipos de trabajo dedicados a encargarse de los casos, la capacitación y la reflexión derivada de la atención han favorecido identificar el maltrato en formas más complejas, como la psicológica, que no deja marcas, pero necesita tratamientos multidisciplinarios exhaustivos.

El abuso sexual y las lesiones a personas mayores quienes los cometen son, en su mayoría, sus propios familiares o cuidadores, condición que, lamentablemente, facilita la prolongación de los hechos a largo plazo.

Vulnerabilidad. Se debe reiterar que, en el marco de la crisis económica actual, las personas más vulnerables son los costarricenses de mayor edad, quienes en algunos casos cuentan con ingresos económicos limitados, lo cual se agrava por el hecho de que hasta sus propios familiares viven y disponen de esos recursos o los obligan a solicitar créditos para ellos. Así, el adulto mayor queda en un estado de indefensión y en un evidente deterioro de su calidad de vida.

Nuestro país debe hacer un esfuerzo para asegurar la protección y salvaguarda de los derechos de nuestros adultos mayores, de manera que este 15 de junio, cuando se celebra el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, sirva para cambiar la forma como se trata a las personas de edad avanzada.

Hay mucho camino por recorrer en el país para lograr no solo el tratamiento oportuno y eficaz del maltrato de las personas mayores. Se debe generar una discusión nacional permanente que incorpore educación y modelos inclusivos positivos que, desde el seno de los diversos grupos familiares, permitan permear una cultura de paz, así como un sistema integral de protección real y eficiente para los adultos mayores víctimas de malos tratos.

El autor es geriatra y gerontólogo, exdirector del Hospital Nacional de Geriatría y Gerontología.