Rossie Brender Bitterman. 13 octubre

El mismo día encuentro en este periódico dos títulos: “96 % de adultos de la GAM tiene encías con gingivitis” y “Los 70 años son los nuevos 60” (5/10/19, páginas 11 y 20, respectivamante).

¿Es casualidad que los textos estén a solo páginas de distancia cuando se trata de dos cuestiones íntimamente relacionadas? Lo que no es casualidad es que ese vínculo no sea de dominio público.

El envejecimiento poblacional es una realidad expuesta por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Sabemos hacia donde vamos, los números son claros.

¿Qué tienen que ver las encías con este fenómeno social? A ver: vamos a hacer el ejercicio de atender las imágenes de nuestros adultos mayores cada vez que salen en la televisión. ¿Verdad que, muy frecuentemente, se les ve hablar o sonreír frente a las cámaras y no tienen dientes? Disponemos de estadísticas serias sobre la cantidad de dientes en la boca de nuestra población mayor de 60 años, y son números deprimentes.

Ahora, además, nos revelan que el 96 % de los adultos de la Gran Área Metropolitana sufren una enfermedad precursora de otra, la periodontitis, la cual deriva en la pérdida dentaria. De hecho, es la causa número uno de esto último. El 96 %, leyeron bien, según un estudio llevado a cabo por nuestra respetada Universidad de Costa Rica (UCR).

Enfermedades asociadas. Si para muchos tener un diente más o un diente menos es cualquier cosa, permítaseme que les explique algo más. La enfermedad de las encías está asociada a enfermedades crónicas. Desde los años sesenta conocemos su estrecha relación con la diabetes; hace décadas, los investigadores descubrieron su conexión con la artritis reumatoide y, de ahí en adelante, hasta la fecha, no cesan de ser publicadas asociaciones con enfermedades cardiovasculares, enfermedades respiratorias, varios tipos de cánceres (incluido el de mama), efectos adversos en el embarazo y, más recientemente, el alzhéimer.

Cuenta la historia que Hipócrates, conocido como el padre de la medicina occidental, aseguraba siglos atrás que la extracción de dientes curaba la artritis. Gracias a los avances científicos, sus discípulos disponen hoy de herramientas y protocolos de investigación para demostrar que pudo haber estado muy bien encaminado en sus sospechas.

Habiendo dicho todo esto, pareciera sencillo pensar que el uso a conciencia del cepillo y el hilo dental es un buen aliado, no solo para tener una sana dentición, sino también un cuerpo más libre de enfermedades.

La máxima “cuida tus dientes y ellos cuidarán de ti”, cuya autoría no está clara, está vigente ahora más que nunca.

Educación en todos los niveles. Esta es la información que nos corresponde, a quienes nos desempeñamos en el sector sanitario, hacer de dominio público.

Los médicos, los odontólogos, los tomadores de decisiones de las políticas sobre salud pública le debemos a nuestra población un trato integral en el sentido real de los dos vocablos juntos.

Si nuestros esfuerzos y propuestas van a estar dirigidos a mejorar la calidad de vida mañana, debemos empezar hoy; no podemos seguir tratando la dentición como algo sin valor porque pensamos que “de por sí vamos a llegar a viejitos sin dientes”.

No. No hay una justificación biológica para alcanzar la tercera edad sin dientes; sucederá solamente de no tomar las medidas de cuidado bucal desde temprano.

Si a la prevención le sumamos que la creciente evidencia nos conduce a entender más claramente que la salud dental también tiene un efecto positivo en el resto de nuestro organismo, ¿por qué no vamos a lograr disminuir ese 96 % para que así, realmente, los 70 sean los nuevos 60?

Cuestionémonos aún más allá, ¿qué está usted haciendo, querido lector, para ser parte de los nuevos 60?

La autora es periodoncista.