Mario Ruiz Cubillo.   19 noviembre, 2020

Con gran preocupación observo que empezamos a relajarnos como si la pandemia ya se hubiera extinguido en Costa Rica, lo cual es muy peligroso porque la zozobra podría acrecentarse y llevar más drama a decenas de familias costarricenses.

El paso de la covid 19 en nuestro territorio ya ha dejado una estela de dolor por doquier: pérdida de vidas, suspensión de contratos de trabajo, un incremento de la pobreza, despidos, cierres de empresa… todos sabemos las consecuencias, ya no hace falta experimentar por cabeza ajena sus estragos.

¿Por qué entonces relajarnos y ponernos en riesgo de que se produzca un incremento de contagios con consecuencias trágicas para todos?

Una vez más apelo a la inteligencia y al discernimiento de la población para que extreme y no afloje con respecto a ninguna de las medidas expuestas para frenar la transmisión de este virus mortal que ha arrancado la vida a cerca de 1.600 personas.

Son decenas de familias costarricenses las que están viviendo el luto y la tristeza por la ausencia de un padre, una madre, un esposo, un amigo entrañable…

Es preocupante que la covid-19 esté a punto de convertirse en la primera causa de muerte en Costa Rica, desplazando a los infartos del miocardio que por años han sido la primera causa de defunciones en nuestro territorio.

Hoy quiero nuevamente reiterarles la urgencia de cuidarnos mutuamente, cumplir y pedir que todos cumplamos con el protocolo preventivo que se nos ha enseñado: higiene de manos en cada momento, distanciamiento físico, uso correcto de mascarillas, evitar las aglomeraciones, desinfección de superficies, mantenernos en lugares ventilados, no romper las burbujas sociales y estar atentos a cualquier síntoma que pudiera convertirnos en una persona positiva por covid-19.

Todos los días siento un gran dolor cuando me pasan el reporte de los internados en las unidades de cuidados intensivos y la lista de decesos diarios que se producen en nuestros hospitales.

Este informe me aprisiona el pecho y como médico, como gerente de la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) y como ser humano no puedo acostumbrarme a esta cifra cotidiana que tiene rostro humano.

Tenemos que ser humildes y aceptar que la fuerza de la covid-19 rebasa las barreras geográficas, ideológicas, culturales, políticas, económicas… lo que nos obliga a ser más solidarios y a mantener la fe y la esperanza en que podamos vivir una Navidad y un Año Nuevo, como lo dijo recientemente un sacerdote argentino, «sin ruido, ni verbenas, reclamos, ni estampida, pero viviendo el misterio sin miedo a la covid-Herodes que pretende quitarnos hasta el sueño de esperar».

Reitero la urgencia de mantenernos en pie de lucha y no claudiquemos en la ofensiva contra esta terrible enfermedad que ha postrado el mundo entero.

El autor es gerente médico de la CCSS.