James K. Hill. 14 febrero

El cambio climático es una fuerza que está replanteando nuestra visión sobre el futuro, en cuenta, la paz mundial. Debido a las consecuencias devastadores ya presenciadas, cada vez más el calentamiento global es tratado como un riesgo de seguridad.

Aunque existe discusión sobre cuál es exactamente la relación entre estos dos asuntos, hay una correlación innegable: las operaciones de paz están en lugares donde se sufren gravemente las consecuencias de la alteración del clima.

El ambiente y la paz son cuestiones que atraviesan fundamentalmente a Costa Rica y Canadá. Necesitamos más liderazgos y más alianzas entre países como los nuestros para mitigar las consecuencias de la crisis climática.

Desde el 2009, las Naciones Unidas vienen estudiando las implicaciones de las variaciones en la temperatura en lo referente a seguridad y las ha calificado como “multiplicadores de riesgos”: catalizadores que empeoran las condiciones de las personas más vulnerables, agudizando los problemas económicos, sociales y políticos que enfrenta cada país y región.

Problemas como el acceso a alimentos, el aumento de incendios forestales, conflictos por el acceso al agua y un más alto número de personas migrando y desplazándose —todos ellos relacionados con la emergencia climática, según la Organización Meteorológica Mundial— crean las condiciones propicias para enardecer conflictos.

Sentido de urgencia. El cambio climático presenta también oportunidades económicas a través de la creación de industrias verdes. Sin embargo, eso no debe minimizar el sentido de urgencia por abordar cuanto antes las amenazas potenciales para la seguridad mundial que las nuevas condiciones imponen.

La crisis climática es una de las prioridades de trabajo en Canadá, tanto internamente como en el extranjero. Es también uno de los grandes problemas por los cuales el país pretende un asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en las elecciones de junio.

Como miembro del Consejo de Seguridad, plantearía que el cambio climático sea tratado como un problema para la paz y la seguridad mundiales, buscaría avanzar en la reducción de desastres y en estrategias para la prevención de conflictos e impulsaría la creación de la figura de un nuevo representante especial del secretario general para la seguridad climática.

De la misma manera, esperaría poner el foco en la supervivencia de países vulnerables, en particular los pequeños Estados insulares, como se ha hecho a través de fondos de cooperación. Al terminar el 2020, Canadá habrá contribuido a las necesidades de adaptación de los países menos desarrollados con $30 millones en los últimos cuatro años. Los pequeños Estados insulares deberán ser integrados periódicamente en las deliberaciones del Consejo de Seguridad.

Lucha compartida. Canadá comparte con Costa Rica una agenda robusta por la acción climática. Ambos países promueven ambiciosos planes internos, así como dentro de la comunidad internacional. Costa Rica está haciendo un trabajo notable mediante iniciativas como el Plan Nacional de Descarbonización y en negociaciones internacionales para subir el estándar de la acción climática.

Ya existe, entre ambas naciones, un acuerdo de asistencia y cooperación mutua para la prevención de incendios forestales y las dos son grandes referentes para el planeta, pues son dos de 20 países considerados democracias plenas en el mundo, según el índice de The Economist.

No habrá otro momento más que este para tomar acciones. La inacción no será gratuita. La pagaremos como comunidad mundial con tormentas, incendios forestales, inundaciones y olas de calor que romperán récords, todos con su respectivo costo económico y humano.

El ambiente y la paz son cuestiones que atraviesan fundamentalmente a Costa Rica y Canadá. Necesitamos más liderazgos como el de Costa Rica y, también, más alianzas entre países como los nuestros para catalizar los cambios necesarios para mitigar las consecuencias de la crisis climática. Los hechos nos reiteran una y otra vez que no habrá paz y seguridad mundiales sin acción climática.

El autor es embajador de Canadá en Costa Rica.