Donato Garita Salas. 24 febrero

El 21 de diciembre de 1981 se publicó en estas mismas páginas un artículo que había remitido bajo el título “El ser empresario”. Es conveniente repasar las ideas y los conceptos expuestos en ese tiempo y contraponerlos con la actualidad.

Decía el párrafo introductorio: “Hemos confirmado en anteriores artículos que el ser empresario no solamente es emprender cosas, sino también hacerlas con una finalidad y un objetivo. Un objetivo medible. Uno de estos objetivos puede ser ganancia sobre una inversión dada, pero el mundo de hoy y la socialización de la humanidad nos obliga, y debe ser así, a redefinir los logros empresariales dentro de un concepto moderno y de actualidad: la productividad”.

La acción empresarial tiene una gran oportunidad de crecimiento en el país. El turismo lo demuestra, pero es necesario ampliarla a otros.

Dichos conceptos siguen vigentes, y los empresarios costarricenses trabajan con ese norte, pero deben ver más allá de nuestras fronteras físicas y mentales.

Un gran porcentaje de las empresas son pequeñas y se desempeñan en un mercado netamente costarricense, en parte porque producen únicamente para el medio o no han cruzado las fronteras.

Veamos un ejemplo: la proliferación de cervezas caseras. Los productores compiten en un mercado relativamente pequeño, copado por las marcas tradicionales, muy bien conocidas y consumidas.

Otro ejemplo: establecimiento de negocios artesanales y de comidas, donde prácticamente se produce lo mismo y no dejan de ser artículos de ferias.

Los dos casos ilustran el gran sentido que tenemos los costarricenses de copiar; es parte de nuestra idiosincrasia. Bucólicos, los coperos se sitúan en cada esquina de la plaza, donde se juega el partido del domingo por la tarde.

Romper con la “tradición”. Se debe apuntar a la creatividad, a la innovación, a la novedad, aunque se trate de negocios pequeños o artesanales. Es exigido en este tiempo competir con la diferenciación.

El gobierno debe procurar los medios para que la actividad industrial crezca, y creo que lo está haciendo muy bien.

El empresario costarricense debe dejar de lado la muleta estatal y definir sus proyectos y objetivos con una dimensión global e innovadora.

Básicamente, el empresario debe dedicar gran parte de su tiempo a pensar y definir sus acciones en tres vértices: innovación, investigación y desarrollo y en romper las fronteras hacia un mercado globalizado.

La acción empresarial tiene una gran oportunidad de crecimiento en el país. El turismo lo demuestra, pero es necesario ampliarla a otros.

Dejar salir las ideas. Para que se entienda bien este concepto propondré otras ideas y acciones: con base en la tradición agrícola nacional y el éxito de algunos monocultivos, podríamos proponernos investigar y desarrollar otros productos exportables, no necesariamente de gran volumen, sino los conocidos como delicatesen o manjares selectos.

El medio de exportación aéreo sustenta esta acción. Recoger el cultivo hoy y mañana estará en la mesa de los consumidores. El sistema sirve también para otros productos, como la pastelería y, en general, los productos frescos.

La exportación de conocimiento es una gran oportunidad y se lleva a cabo en el campo digital, el país puede buscar opciones.

A pesar de tener instituciones como Procomer, cuya labor es excelente en lo concerniente a la contribución a la economía costarricense, urge proponer un plan global de desarrollo y de competitividad con la participación del empresario, del Estado y los centros de investigación, tanto públicos como privados, enfocándose en un desarrollo sustentado en nuestras propias oportunidades y las necesidades del mercado mundial.

Se ha dicho muchas veces: si los sectores que favorecen el desarrollo de nuestro país se empatan con el empresariado nacional en una misma dirección e interés, llegaremos muy lejos, nos volveremos altamente productivos.

El autor es empresario.