Eric Scharf. 23 octubre

¿Por qué tantos países pelean por la atracción de inversión extranjera directa (IED) para enfrentar la crisis actual? Porque la IED es un motor que activa las economías y es fuente muy eficaz para generar empleo.

La pandemia es causa de una de las mayores contracciones económicas de la historia reciente y elevó las tasas de desempleo al 30 % en algunos países (unos 41 millones de personas solo en América Latina). Por tanto, la IED se convierte, aún más que antes, en una herramienta indispensable de reactivación económica.

Cuando menos 180.000 costarricenses tienen empleo producto de la IED. Uno de cada tres trabajos formales creados en los últimos cinco años se debe a empresas en el régimen de zonas francas, a pesar de que estas compañías comprenden solo el 0,6 % del parque empresarial nacional.

El crecimiento anual promedio del empleo en las zonas francas en el pasado quinquenio fue del 9,9 %, muy por encima del 2,1 % en el sector privado en general y del 1,5 % registrado en el empleo total del país.

Además, es inclusivo y de alta calidad. El 99 % de los trabajadores son costarricenses, un 44 % de los cuales son mujeres (el promedio nacional es un 39 %).

La mitad de los puestos los desempeñan personas con secundaria o menos. Asimismo, la tasa de crecimiento fuera de la Gran Área Metropolitana fue un 10 % en los pasados cuatro años.

No obstante el descenso. La mejor evidencia es que durante el 2020, con todo y pandemia, las empresas de la Coalición Costarricense de Iniciativas de Desarrollo (Cinde) gestaron aproximadamente 10.000 empleos a junio, a pesar de la estrepitosa caída en las ventas de muchas de ellas a escala internacional.

De conformidad con estimaciones de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, la IED global caerá entre un 30 % y un 40 % en el 2020; en Costa Rica, de acuerdo con proyecciones del Banco Central, el desplome fue de un 24 % en el primer semestre del año, lo cual desató una feroz “guerra mundial” entre muchos países por atraer IED.

Es indispensable tener claro que Costa Rica no está sola en esta batalla, hay muchos otros destinos. Un análisis llevado a cabo por Cinde determinó que 15 países competidores por IED no han aprobado nuevos impuestos; más bien ofrecen incentivos y bajan cargas tributarias para atraer inversiones.

Honduras y Colombia fortalecieron sus programas de incentivos fiscales y Panamá aprobó una nueva ley en la misma dirección, todo para atraer IED.

Chile invertirá $2.000 millones en subsidios del 50 % en el pago de salarios; Uruguay flexibilizó la estructura de impuestos para empresas extranjeras que inviertan en el país; Japón ofreció $2.200 millones para que compañías trasladen su manufactura ubicada en China; y Estados Unidos dará créditos federales para regresar la producción a suelo local.

En esta guerra mundial, Costa Rica tiene muchas oportunidades para salir victoriosa, si así lo desea e impulsa.

Relocalización. Según el Foro Económico Mundial, el comportamiento de las empresas en el mundo cambiará debido al aumento del traslado de estas a lugares más cercanos a sus grandes mercados (nearshoring).

La buena imagen de Costa Rica, gracias a haber logrado la continuidad de los negocios durante la pandemia, le permite ser un destino atractivo para el nearshoring.

Sectores “ganadores” después de pandemia, como servicios digitales e intensivos en conocimiento, ciencias de la vida y agrotecnología, entre otros, son promovidos actualmente a través del régimen de zonas francas del país.

Se calcula que se generarían 45.000 empleos adicionales en los próximos cinco años si las condiciones se mantienen y aprovechamos estas oportunidades.

Para eso, Cinde puso en operación una estrategia de posicionamiento internacional de Costa Rica, apoyada en herramientas de inteligencia artificial y programática.

Para ser exitosos, debemos enfrentar ciertos retos, como mantener la estabilidad jurídica del régimen y mejorar la competitividad. Debemos invertir más en talento humano para tener mayor disponibilidad de mano de obra para los sectores que la IED demanda. Hay que invertir también en infraestructura, bajar el costo de la electricidad y acabar con la tramitomanía.

El modelo basado en IED y zonas francas se creó como respuesta a la peor crisis financiera que tuvo Costa Rica antes de la actual. Es una estrategia comprobada y lo seguirá siendo. Aprovechémosla y salgamos victoriosos de esta nueva guerra mundial con el mejor ejército disponible: el talento humano costarricense.

El autor es presidente de la Junta Directiva de Cinde.